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Venezuela: TIAR el pacto interamericano de defensa mutua

Pedro González Caro, Sub director del CEPyG-UCAB Foto: Manuel Sardá

Pedro González Caro 19 de agosto de 2019

En días recientes se ha producido un debate muy intenso sobre el “Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca[1]”, llegando al punto se sugerir, a mi juicio de forma tendenciosa, que se trata de un instrumento para autorizar una “invasión” a Venezuela. Incluso quienes están en esta posición del debate, se hacen interpretaciones diferenciadas ya que uno dicen que se trata de  la única vía para terminar con la crisis política que atraviesa el país y presionan a la Asamblea Nacional por una salida militar al conflicto y otros establecen que esta medida es violatoria de la soberanía e independencia de Venezuela y su autodeterminación.

En este sentido me parece oportuno hacer algunas consideraciones sobre el “TIAR” para permitir a nuestros lectores, evaluar su alcance y aplicabilidad en la situación que actualmente atraviesa nuestro país.

Venezuela fue Estado contratante del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (“TIAR”) desde su suscripción en Río de Janeiro, Brasil, el 2 de septiembre de 1947 el cual ratifico en 1960. Este instrumento regional fue suscrito y ratificado con el propósito de  prevenir y reprimir las amenazas y los actos de agresión contra cualquiera de los países de América; con el objetivo final de perfeccionar los procedimientos de solución pacifica de sus controversias, en el entendido de que existe el pleno acuerdo, de la obligación mutua de brindar ayuda y de común defensa de las Repúblicas Americanas sobre la base de los ideales democráticos y la su voluntad permanente cooperación para realizar los principios y propósitos de una política de paz.

El TIAR, es un acuerdo que fue sugerido por Estados Unidos y en el momento de su proposición, estuvo enmarcado en la situación de la Guerra Fría, que prevaleció al finalizar la segunda Guerra Mundial y que se mantuvo, en teoría, hasta la caída del muro de Berlín en la década de los 80.

El tratado responde fundamentalmente a la trayectoria de cooperación interamericana en materia de la guerra y la paz, de modo que muy lejos de ser un instrumento para facilitar la invasión de algún Estado americano el TIAR es un instrumento de paz y de resolución de conflictos por medio de la negociación y el entendimiento. Sin embargo se inspira en los principios de solidaridad americana para “prevenir y reprimir las amenazas y actos de agresión contra cualquiera de los países de América

Desde su aprobación por los Estados Americanos, este instrumento de seguridad colectiva ha suscitado críticas y generado controversias, entre Latinoamérica y Estados Unidos, por cuanto USA mantuvo desde el principio que la decisión de actuar en apoyo de un Estado miembro agredido era individual y no requería de  verificación por una decisión multilateral, Ecuador y México dejaron constancia de su desacuerdo con esta postura  porque ningún estado podría atribuirse el derecho de defender usando la fuerza, a otro Estado americano, si este no ha hecho la petición respectiva.

Toda esta serie de controversias condujeron a la creación de una comisión para la Reforma del tratado en la conferencia de San José de Costa Rica que finalmente produciría el Protocolo de Reformas[2]

El TIAR ha sido invocado hasta en 20 oportunidades, en el caso de Venezuela,  en 1959 Venezuela denunció a la Republica Dominicana por intervenir en el intento de asesinato del Presidente Betancourt, no hubo una manifestación militar pero sí se produjeron sanciones contempladas en el art. 80 de la carta de la OEA, en el año 1963 durante el Gobierno del presidente Betancourt, Venezuela de nuevo invoco al TIAR ante la identificación de armas procedentes de Cuba, encontradas en la playa de Machurucuto, con lo cual Cuba recibió sanciones, pero luego Venezuela, Colombia y Costa Rica invocaron el TIAR en 1974, durante el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, para pedir el levantamiento de estas sanciones y un año después once países se sumaron a la solicitud.

Una de las más controversiales ha sido la invocada por Argentina en 1982, durante la Guerra de las Malvinas cuando pidió asistencia para defenderse del Reino Unido. Sin embargo, Estados Unidos decidió prestar ayuda al país británico como parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), paradójicamente, el más reciente intento de aplicar el TIAR se registró en 2001, cuando Estados Unidos invocó el tratado luego del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre, bajo el argumento de que “El Tratado de Río establece un mecanismo de seguridad colectiva. Según sus términos, un ataque armado contra un miembro debe considerarse un ataque contra todos.[3]

El artículo 1 del tratado, establece que “Las Altas Partes Contratantes condenan formalmente la guerra y se obligan en sus relaciones internacionales a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas o del presente Tratado” y el artículo 2, establece que “Como consecuencia del principio formulado en el artículo anterior las Altas Partes Contratantes se comprometen a resolver pacíficamente las controversias entre sí”

De modo que no es cierto que el TIAR sea un mecanismo para facilitar una intervención armada en Venezuela ni en ninguno de los países firmantes, en el artículo 9 del protocolo de reforma del TIAR[4] se define la agresión y se detalla la lista de las características que los actos que serán considerados agresivos, independientemente de que haya o no declaración de guerra, en la lista están perfectamente señalados y descritos los criterios para la aplicación del instrumento.

En el año 2013, Venezuela, conforme a lo establecido en el artículo 25,  denunció al Tratado de Asistencia Recíproca, mediante la comunicación[5] en la cual el Canciller de la república manifestaba la decisión del gobierno nacional de abandonar el tratado y en la que señalaba que la mayor demostración de la inoperancia de este tratado fue en 1982 cuando Estados Unidos, decidió apoyar al Reino Unido, de quien también es socio en otra alianza de defensa, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en contra de Argentina en su reivindicación sobre el territorio de las Islas Malvinas. Más tarde Venezuela decidiría abandonar también el foro interamericano.

La diatriba política y el debate actual en Venezuela han creado circunstancias en la que la OEA y más de 70 países, reconocen como legítimo al Gobierno interino conducido por la Asamblea Nacional, y que dirige el diputado Juan Guaidó como Presidente Interino de Venezuela, quien mantiene un representante reconocido por la OEA y que ha solicitado formalmente su reingreso a la plataforma interamericana incluido el TIAR mediante el depósito del instrumento de ratificación[6], este hecho se materializó cuando se publicó formalmente en la página web oficial de la OEA la actualización de los miembros pertenecientes al TIAR.

El más reciente estudio del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno, da cuenta de que la mayor parte de los venezolanos, 64,6% irían a votar en un proceso electoral, si fuese convocado en este momento, pero esos porcentajes pueden aumentar hasta más del 70,2 % si las condiciones electorales mejoran.

Ahora bien las condiciones electorales no podrán mejorar a menos que la ciudadanía decida asumir con entereza ejercer plenamente su derecho y exigir  el desarrollo de un proceso electoral confiable, esto puede lograrse mediante la negociación y resolución de conflictos mediante métodos pacíficos.  

Así que si para algo sirve el TIAR, lejos de impulsar un mecanismo de fuerza, debe ser para estimular la negociación para el logro de las mejores condiciones posibles para el desarrollo de un proceso electoral que resuelva la controversia. Es imperativo mantener la confianza en la conducción del proceso por el actual liderazgo, para poder lograr los cambios con un esquema que brinde al gobierno de transición la base sólida de gobernabilidad, que garantice que el proceso no se revierta en el corto o mediano plazo.

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