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Sistema de partidos en el autoritarismo venezolano

Foto: Cortesía.

Juan Manuel Trak [i]

27 de septiembre de 2019

Entre 2013 y 2019 Venezuela transitó de un autoritarismo electoral a uno de carácter hegemónico. Esta transición autoritaria tuvo como protagonistas, además del gobierno, tanto al Consejo Nacional Electoral como al Tribunal Supremo de Justicia. Desde la era de Chávez, ambas instituciones fueron cooptadas y, en el momento que el chavismo perdió el control sobre el Legislativo, estas erosionaron sistemáticamente la arena electoral y parlamentaria hasta acabar con los pocos resquicios de democracia que existían en el país.

En la arena parlamentaria el gobierno ha despojado a la Asamblea Nacional de su poder. El TSJ ha permitido que Maduro gobierne por decreto. Además, la elección de la ANC ha supuesto el cercenamiento del equilibrio de poderes. Adicionalmente, se ha reprimido, perseguido, encarcelado y forzados al exilio a diputados opositores. De esta manera, el parlamento electo por los ciudadanos en 2015 ha sido impedido de ejercer sus funciones legislativas y de control del Ejecutivo.

En la arena electoral, el gobierno y el CNE han establecido un conjunto de prácticas electorales que violan los estándares mínimos para que la elección pueda ser considerada libre, justa y competitiva. De hecho, luego de 2015, el CNE y el TSJ destruyeron el sistema de partidos mediante la manipulación de la oferta partidista. Lo anterior ocurrió gracias a la ilegalización de la MUD, y casi la totalidad de los partidos que la componían, a lo que se le añade la negativa de los partidos de participar en esas elecciones. En todo caso, el gobierno solo dejó vivo a partidos minoritarios sin casi representación parlamentaria y poca o nula capacidad de movilización electoral.

Lo anterior se confirma si observamos indicadores básicos de los sistemas de partidos. El Número Efectivo de Partidos Electorales (NEPE)[ii] es un indicador que mide el número de partidos relevantes en la competencia electoral, siendo las décimas la importancia de los partidos minoritarios. Para 1988, Venezuela conservaba el sistema bipartidista resultante del Pacto de Punto Fijo, con dos partidos relevantes. Esta situación cambia durante la década de los 90 cuando el bipartidismo colapsa y se fragmenta el sistema de partidos. En 1993, son cinco partidos los relevantes. La llegada Chávez cambia la lógica –que pasa a ser Chavismo-antichavismo[iii] – y se modera la fragmentación del sistema. Así en 1998 y 2000, son tres partidos los relevantes, mientras que en 2006 y 2012 son cuatro.

La elección sobrevenida en 2013 hace que los partidos de oposición se articulen en una sola tarjeta electoral y el resultado es un sistema bipartidista, con el PSUV de un lado y la MUD, como alianza de partidos, por el otro. Para 2018, solo hay un partido relevante: el PSUV. Así, los datos muestran las consecuencias de la manipulación de la oferta partidista por parte del CNE y el TSJ, que inició cuando la MUD tomó control de la AN. De esta manera, el PSUV se convierte en el partido hegemónico del sistema de partidos venezolano (57% de los votos), mientras que los restantes son meros satélites. De hecho, en 2018, la segunda fuerza más votada no fue ninguno de los partidos que apoyaron a Henri Falcón, sino el grupo de electores que promovió la inscripción de Javier Bertucci como independiente, Esperanza por el Cambio; cuyo porcentaje de votos no supero el 11%. En la alianza de Henri Falcón, COPEI obtuvo 10% de los votos, Avanzada Progresista 6%, y el MAS 4%.

Número Efectivo Partidos en elecciones presidenciales entre 1988 y 2018

Nota: para el cálculo del Número Efectivo de Partidos (NEPe) se utilizó la fórmula de Laakso y Taagapera expuestas por Ruiz-Rodríguez y Otero Felipe.

Fuente: Elaboración Propia a partir de datos del CNE.

A pesar de lo anterior, la incorporación de los diputados del PSUV supone el reconocimiento del gobierno de la importancia de la arena electoral. Con independencia de las razones manifiestas para ese retorno, la razón latente de la misma no es el reconocimiento de la Asamblea Nacional como poder que controle el ejecutivo, sino simular la búsqueda de un acuerdo para el nombramiento del CNE con el fin de procurar que fracase y, tal como hizo Diosdado Cabello a finales de 2015, usar la excusa de la “omisión legislativa” para nombrar a los rectores del ente electoral a través del TSJ.

Tal como ha señalado Beatriz Magaloni[iv] en los regímenes autoritarios hegemónicos el fraude electoral es en ocasiones innecesario, ya que para el momento de la elección han debilitado o desaparecido a la oposición lo suficiente como para que pueda ser una amenaza; tal fue el caso de la elección presidencial de 2018. No obstante, esto no supone abandonar la arena electoral sino entenderla desde una perspectiva diferente. En lugar de participar en las elecciones como si se tratase de una democracia (tal como hizo Falcón y sus aliados en 2018), la misma puede ser vista como una ventana de oportunidad para la construcción de un movimiento social que busque el rescate de la democracia. Tal como ha señalado el profesor Ángel Álvarez en un reciente artículo (“De cómo algunas protestas populares se transformaron en movimientos exitosos”), los movimientos sociales exitosos son aquellos que tienen objetivos claros y precisos, así como método de lucha basado en uso eficiente de los recursos de poder con los que se cuentan realmente. En este sentido, la búsqueda de elecciones libres tiene el potencial de ser una causa que aglutine a los diferentes sectores que se oponen al régimen autoritario existente en Venezuela.


[i] Sociólogo (UCAB), Máster en Ciencia Política y Dr. en Procesos Políticos Contemporáneos (Universidad de Salamanca).

[ii] Ver: RUIZ-RODRÍGUEZ, Leticia M y OTERO FELIPE, Patricia. Indicadores de partidos y sistemas de partidos. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 2013.

[iii] Ver: ÁLVAREZ, Ángel. El sistema de partido de Venezuela después de Chávez. En ALARCÓN, Benigno y MARTÍNEZ MEUCCI, Miguel Ángel (eds.). Transición democrática o autocratización revolucionaria. El desafío venezolano II. Caracas: AB UCAB Ediciones, 2016: 43-70.

[iv] MAGALONI, Beatriz. The Game of Electoral Fraud and the Ousting of Authoritarian Rule. American Journal of Political Science, 2010, vol. 54 (3): 751-765.

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