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Cambios en el orden económico internacional

Foto: Revista G7

Félix Arellano

En los últimos años se aprecian algunos acontecimientos que están generando tensiones y potenciales cambios en el orden económico internacional que, desde los años ochenta del pasado siglo, se fue construyendo en función de la apertura de los mercados y la conformación de una institucionalidad de reglas y organizaciones que ofrecía confianza y predictibilidad a los actores económicos.

En estos momentos, las tensiones se incrementan producto de los negativos efectos de la pandemia del coronavirus, lo que exige de una reflexión sobre la reingeniería que se debería promover, sin sacrificar los avances alcanzados, y abriendo la oportunidad para una mayor equidad y participación social.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial el orden económico internacional se estableció a partir de los acuerdos de Bretton Woods, con la primacía de los Estados como actores fundamentales, en particular los Estados Unidos, la economía más robusta finalizada la guerra y dos organizaciones estratégicas: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

En este contexto, el papel de los Estados resultaba decisivo y, en el plano económico, las políticas se orientaban al fortalecimiento de sus capacidades productivas, con una limitada apertura de los mercados y sin mayor regulación del comercio internacional. A los fines de definir unas reglas mínimas se estableció el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT, sus siglas en inglés) en 1947, con apenas 23 países miembros.

La capacidad productiva de los países fue creciendo significativamente, generando presión por la construcción de condiciones que permitieran relaciones comerciales abiertas y estables. El comercio de bienes y servicios, las inversiones, el movimiento de personas se multiplicaron y los gobiernos van conformando una arquitectura institucional que, con sus limitaciones, busca establecer un orden económico liberal.

En este marco, se va fortaleciendo el GATT con la creciente incorporación de nuevos países miembros, en particular países en desarrollo; la agenda económica internacional va superando la limitada visión de los aranceles y se van incorporando múltiples temas. Por otra parte, la integración económica y en particular las zonas de libre de comercio también se multiplican.

Diversos factores convergen para la consolidación del orden liberal, entre otras, el impulso teórico de la visión liberal de mercado, que logró un fuerte impulso con los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher como Primer Ministra Británica durante toda la década de los ochenta. También contribuyó el llamado Consenso de Washington, propiciado por el FMI y el Banco Mundial.

Entre los aportes emblemáticos para la expansión del libre comercio, destacan: tanto las negociaciones entre Estados Unidos, México y Canadá, que concluyó con la firma del TLC en 1992; como las negociaciones de la Ronda Uruguay en el viejo GATT, que luego de diez años, culminaron con la creación de la Organización Mundial del Comercio y la transformación de la agenda de las negociaciones comerciales.

El orden liberal comercial si bien logró, entre otros, establecer unas bases jurídicas importantes, estimuló el comercio tanto de bienes como de servicios, incrementó las inversiones, contribuyó en la innovación, la competitividad y la productividad; también se caracterizó por un marcado déficit en los temas sociales y la equidad; debilidad que fue capitalizada por visiones radicales, como el Foro de San Pablo, para desarrollar una narrativa desproporcionada, que sataniza el libre comercio. En términos generales estos movimientos críticos no plantean soluciones efectivas y  crean nuevos problemas.

Adicionalmente, otras corrientes críticas contra el libre comercio se han desarrollado desde las visiones conservadoras, nacionalistas y escépticas de la interdependencia compleja. Una de las expresiones significativas en esta corriente lo representa el Presidente Donald Trump, quien ha rechazado los megaacuerdos de libre comercio negociados en la administración del Presidente Obama, como el Transpacífico y el Transatlántico, está ejerciendo una  dura presión contra la OMC, en particular el mecanismo de solución de diferencias.

En esta línea conservadora también se inscriben los movimientos euroescépticos que han logrado su mayor expresión con el Brexit, y el consiguiente retiro del Reino Unido de la UE; ahora bien, el ambiente de nacionalismo, xenofobia y exclusión va creciendo, pareciera que ahora también potencializado por la pandemia. Por otra parte, en estos momentos se aprecia que el coronavirus está estimulando sentimientos individualistas, nacionalistas, militaristas, xenofóbicos y excluyentes, en tales condiciones el orden económico internacional liberal va perdiendo relevancia.

Es evidente que la restructuración del orden económico internacional reclama de una reflexión y revisión profunda y, en estos momentos, la pandemia se presenta como un nuevo factor que impulsa la tendencia, pero no pareciera que el camino eficiente y sensato sea el individualismo, todo lo contrario, se requiere de la construcción de esquemas de diálogo, negociación y cooperación eficientes para superar la crisis y evitar otras nuevas. 

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