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La acción internacional en Venezuela: divisionismos, estrategias, tácticas y realismo

Foto extraída del Diario La Verdad

Danny Toro

La elección parlamentaria convocada por el régimen de Nicolás Maduro en concordancia con el calendario electoral, aunque en medio de la crisis sanitaria mundial del Covid-19 y de ausencia de garantías mínimas de competencia y legitimidad electoral, ha dinamizado de nuevo el juego político y dividido a la oposición venezolana en sus estrategias y acciones. También ha hecho evidentes las disidencias del chavismo con las intervenciones del TSJ a partidos políticos venezolanos – tanto de la oposición como del otrora polo patriótico -. A todo ello, se le suma la reciente solicitud formal de Juan Guaidó como presidente interino a la Organización de Naciones Unidas para la aplicación del principio internacional de proteger. Ante esta realidad, la pregunta común es: ¿verdaderamente qué hay que hacer?

Divergencias de planteamientos

Frente a la convocatoria electoral del 6 de diciembre han surgido desde las filas opositoras 3 estrategias tácticamente diferentes que denotan la división interna del mismo parlamento y de las fuerzas democráticas, mucho más heterogéneas de lo que a veces se cree. Por una parte, está la Operación de Paz y Estabilización en Venezuela, promovida por María Corina Machado y Vente Venezuela, apoyada recientemente por el interinato presidido por Juan Guaidó, sobre la base del principio de proteger. Por otro lado, la Consulta Popular del Pacto Unitario empujada también por Juan Guaidó y que centra sus esfuerzos en contar con la debida legitimidad para futuras acciones. Se precisa, también, el llamado de Henrique Capriles y otros grupos sociales a participar en las elecciones del 6D. Estos planteamientos disímiles reflejan cálculos políticos distintos enmarcados en un mismo objetivo: la democratización del país.

Las oposiciones de regímenes autocráticos no son homogéneas pese a la persecución, y las construcciones unitarias son procesos muchas veces prolongados luego de la superación de contradicciones. Hay eventos que cohesionan a la oposición, y otros que la dividen. La construcción de la concertación chilena para la transición democrática en 1988; el movimiento de reconciliación contra el Apartheid, liderado por Nelson Mandela a finales de los 80s; la lucha democrática contra el autoritarismo franquista en España en los 60s y 70s, son eventos que se han desarrollado entre coaliciones y fraccionamientos.

Por supuesto que hay que superar la división, eso es requisito sine qua non para combatir al autoritarismo gobernante, pero superar la división solo será posible sobre la base de criterios tácticos compartidos, pues como bien apuntaba Nicolás Maquiavelo en una Italia muy fragmentada en el siglo XV, los mismos objetivos no empujan siempre los mismos medios, pues esos medios dependerán de las circunstancias. Se pueden tener objetivos compartidos, no obstante, el cálculo político puede ser diferente como ocurre en estos momentos en Venezuela. De allí la necesidad de compartir, ya no solo objetivos, sino también criterios tácticos.

Pero ahora, analicemos el primer planteamientos con perspectiva histórica y política.

La operación de Paz así como el reciente principio de proteger, pone de relieve el certero peligro de seguridad internacional que representa el régimen autoritario de Nicolás Maduro, aún más evidente con el último informe de Naciones Unidas. La operación persigue entrar dentro de la política exterior de países democráticos del hemisferio occidental como Estados Unidos, países europeos y latinoamericanos, pero es un planteamiento que parece no terminar de estructurar el cómo hacerse realidad.

Siguiendo a Maquiavelo hay que considerar las circunstancias y desde allí ponderar las estrategias. El actual orden mundial si bien tiene polos de poder e influencia definidos, (Estados Unidos en términos liberales, Rusia en premisas geopolíticas concretas, y China entre la abstracción económica e ideológica) no es igual al escenario del siglo pasado, con la Guerra Fría. Un orden internacional con democracias en profundas crisis de representación, con autoritarismos utilizando valores y medios democráticos – los regímenes híbridos-, con enfrentamientos en planos económicos, tecnológicos y culturales más que militares, hace ver el planteamiento de la Operación de Paz, y la acción amparada en el principio de proteger, aunque legítimo, un planteamiento ciertamente complejo.

La intervención militar estadounidense en Granada en 1983 respondía a la lucha contra el comunismo y la influencia geopolítica que debía marcar Estados Unidos según su política exterior desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hay que recordar que durante la guerra fría EEUU emprendió la contención del comunismo, desestabilizando gobiernos latinoamericanos cercanos a la influencia soviética-cubana – como el de Jacobo Árbenz en Guatemala o Salvador Allende en Chile- y asistiendo a dictaduras militares como las de Argentina o Brasil. Eran tiempos verdaderamente dicotómicos y como bien explicó Thomas Schelling, fue un orden internacional que a punta de amenazas reales y creíbles, mantuvo una guerra que no escaló a enfrentamientos directos entre Estados Unidos y la Unión Soviética, por lo tanto las intervenciones en planos internacionales eran muy posibles.

La intervención militar en Panamá en 1989, por su parte, tuvo como eje principal de justificación la seguridad de Estados Unidos y la presencia de intereses estadounidenses en el país, demostrada especialmente con fuerzas militares en el canal, administrado por la nación del norte desde su construcción. Incluso a finales del siglo XX las cosas ya comenzaban a cambiar en América Latina, frente a las transiciones democráticas de esas décadas. El presidente Ronald Regean tuvo una posición frontal al régimen sandinista instaurado en Nicaragua en 1979 a causa de la caída de la dinastía Somoza, y le prestó apoyo militar a la oposición armada nicaragüense, pero no pudo contar con los apoyos suficientes para una intervención militar. De hecho, se desató un escándalo, el llamado Irán-Contras, que por poco lo lleva a juicio. El actual gobierno de Donald Trump ha dicho, varias veces, en referencia al caso venezolano, que están “todas las opciones sobre la mesa”. El tema entonces no es que es estén las opciones, es saber si las circunstancias son precisas para decidirse por una de ellas. Y eso, leer las circunstancias, siempre es estratégico.

El planteamiento orientado a la Operación de Paz tiene en sí mismo un poderoso riesgo, que es la inacción interna para desembocar en una transición democrática. Es decir, poner todos los esfuerzos en el plano internacional, y aunque dicha postura es legítima por la brutal represión del régimen hacia la ciudadanía en años anteriores, no parece una idea sensata. Las transiciones contemporáneas han sido en su mayoría producto de acciones internas. De hecho, Samuel L. Huntington en su ya clásico libro La tercera ola, apunta que en las transiciones políticas recientes el factor interno pesó más que el internacional. Por lo tanto, la fuerza interna, sea como sea que se tenga que accionar, es importante, digamos, es esencial. Descuidar y desvincular la lucha democrática del plano nacional es un muy grave error. ¿Hay verdadera capacidad de llevar adelante una operación internacional de tal alcance, en una región como América Latina?, ¿con un orden mundial como el actual y pese a las enormes complicaciones logísticas y técnicas en un país medianamente grande como Venezuela?

           El planteamiento, aunque legítimo, presenta complicaciones operacionales de gran magnitud que tienen que tomarse en consideración para establecer estrategias creíbles, pero sobre todo posibles en el plano de la acción política. Maquiavelo sostenía que quien hace lo que debería hacer – idealismo- y no lo que debe hacer – realismo- termina caminando a la ruina. En medio de la devastación venezolana, el juego de las expectativas es muy susceptible y su mal manejo puede ser perjudicial. Al final del día es justamente el respaldo popular la mayor arma para combatir las oscuridades de hoy. Lo importante en este conflicto político es obtener, mantener y accionar el respaldo social del país, es definitivamente el mejor medio para combatir regímenes autoritarios. El valor y la efectividad de la estrategia estarán sujetos a la capacidad de conexión con el malestar social y su canalización hacia un objetivo determinado como es el cambio político. Se debe apostar a la unificación de la agenda internacional con la presión interna; poco vale el no reconocimiento diplomático frente al reconocimiento interno- dígase Fuerzas Armadas y démas-.

Hay que contemplar la construcción y reconstrucción de tejido social, de organización ciudadana, en una narrativa que enlace los respaldos internacionales y las demandas sociales del país. Jugar únicamente en el plano internacional es tener presente solo una parte del tablero y deambular sobre decisiones que, aunque importantes, no se pueden controlar. Un criterio táctico que puede estimular la creación de una unidad opositora en Venezuela es la construcción de musculatura social, donde las gestiones externas tengan sentido. Pues es justamente el tejido social el elemento principal, bien sea de la resistencia cívica para mejores tiempos, o la acción decidida para cambios oportunos.

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