Opinión y análisis

Érase una vez en Venezuela: el desplome de la pequeña Venecia

Extraído de: El Nacional

Hasler Iglesias

 Una embarcación zarpa del viejo continente y atraviesa un golfo ubicado entre las penínsulas de Paraguaná y de la Guajira; su tripulación divisa a lo lejos las viviendas de la etnia Añú, llamativas por ubicarse sobre pilotes que sobresalen de la superficie de un inmenso lago. Los tripulantes más resaltantes eran Alonso de Ojeda y Américo Vespucio. Este último le daría el nombre al continente americano, y también al país en el que observó aquellas viviendas sobre las aguas que se le asemejaron a una ciudad que un comerciante italiano como él conocía muy bien: Venecia. Fue así como, en 1499, las tierras que Colón había llamado un año antes “Tierra de Gracia” comenzaron a conocerse como Venezuela: pequeña Venecia. 

El lago de Maracaibo, el más grande de América Latina, por una coincidencia sorprendente fue la causa de que nuestro país fuese bautizado con un nombre que hoy no es ajeno a nadie. Las viviendas de la etnia Añú se conocen como palafitos y aún hoy alojan a familias en caseríos fluviales sobre el lago que en una época fue uno de los enclaves petroleros más importantes del mundo. 

Más de 500 años después, los palafitos vuelven a estremecer al mundo gracias a una producción cinematográfica que ilustra dolorosamente la caída de una nación que por años se creyó inmune a la tragedia. Se trata de la película venezolana Once Upon A Time In Venezuela: Congo Mirador.

Anabel Rodríguez Ríos, caraqueña de 43 años, comunicadora social de la Universidad Católica Andrés Bello, es la directora de esta proeza que ha causado furor en las redes. Y es que el largometraje no deja indiferente a los venezolanos que encuentran numerosísimos elementos de identificación, pero tampoco a extranjeros que observan deslumbrados cómo las personas, al mudarse del Congo Mirador, se llevan su palafito sobre dos peñeros. 

La película sumerge al espectador en la realidad del Congo Mirador, un caserío de palafitos al sur del lago de Maracaibo que, como el resto del país, vive hundido en la polarización y sobre-politización de la vida cotidiana. Más aún, se enfrentan a un peligro inminente que amenaza con hacer imposible la vida en el Congo Mirador: la sedimentación del lago de Maracaibo que hace proliferar la vegetación, reduciendo la navegabilidad y los medios de vida de sus pobladores. 

Es resaltante la aparición de la dirigente del PSUV del Congo Mirador. Una señora dicharachera, enamorada de Hugo Chávez y quien, aunque el Gobierno que ella misma apoya no atiende los reclamos de los habitantes del caserío, sigue leal a él. El documental nos permite acompañarla en su búsqueda de votos para la revolución en las elecciones parlamentarias de 2015, en la que no escatima en ofrecer comida, bolsos escolares, teléfonos y hasta dinero para hacer que los congueros voten por los candidatos de Chávez. 

Sin embargo, la noche de aquel 6 de diciembre de 2015 la alternativa democrática ganó la elección también en el Congo Mirador. La alegría se lanzó a los peñeros y los congueros celebraban a la luz del Catatumbo, un rayo de esperanza que esperaban se tradujera en cambio profundo en sus vidas, como todo el país. 

Sin embargo, conocemos lo ocurrido con el desmontaje del Poder Legislativo llevado a cabo por los poderes ilegítimos impulsados por la dictadura en el quinquenio que acaba de terminar. La esperanza de los congueros pronto se difuminaría y sufrirían las consecuencias de un régimen que empuja a todos a la miseria, manteniendo las esperanzas de aquellos que irracionalmente siguen creyendo en su proyecto con palabras bonitas y nada de acciones. 

En alguna presentación una vez escuché que debíamos estudiar lo que ocurría en el Zulia si queríamos entender hacia dónde el PSUV quería llevar al país: un estado azotado fuertemente por fallas eléctricas, escasez de agua, gas y gasolina, sin mencionar alimentos y servicios públicos. El régimen ha venido usando al estado Zulia como una especie de tubo de ensayo para experimentar hasta dónde llega la resiliencia de los venezolanos y cómo doblegar más eficientemente su voluntad. Esto es reflejado hasta la hipérbole en el Congo Mirador, como nos muestra Anabel Rodríguez en su cinta. 

Promesas de una gloria que nunca llegó, la confrontación de vecinos mientras los poderosos se mantienen inalterables en fastuosos palacios de gobierno. La migración, la pobreza y la búsqueda de un futuro mejor son los elementos que presenta Once Upon A Time In Venezuela. Es sin duda la demostración de cómo se puede dejar morir de mengua a una población hasta convertirla en un pueblo fantasma. 

Para nuestro pesar, la historia del Congo Mirador no es lejana a la del resto de los poblados de Venezuela: sumidos en la miseria, con ciudadanos cargados de cicatrices, carentes de medios de vida y superavitarios de discursos políticos. Si decimos que el Zulia es el laboratorio donde se experimenta cómo dominar a los venezolanos, el Congo que nos muestra Anabel Rodríguez en su aclamada producción, es el experimento principal y el destino al que no podemos permitir que nos lleven.

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