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“América agoniza entre la cancelación y el posibilismo”

Tomada de La Oreja Roja

José Ignacio Guedez Yépez

Dos fuerzas aparentemente antagónicas o al menos contradictorias conforman hoy la receta ideológica que pretende, lo que ni el comunismo ni el fascismo pudieron el siglo pasado: aniquilar la democracia liberal en Occidente. Lo novedoso es que esta vez ambas fuerzas provienen de un mismo lado y se usan indistintamente según convenga. “Cancelación” donde hay democracia y “posibilismo” donde no la hay. Esta es la nueva forma de hacer la revolución en el siglo veintiuno.

La cancelación consiste en condenar a priori y sin necesidad de pruebas (sin presunción de inocencia ni debido proceso), a cualquiera que represente la cultura dominante en Occidente, no solo en la actualidad sino en cualquier momento de la historia. Es la posverdad convertida ya en sentencia firme, al margen de las instituciones democráticas, que le permite a cualquier persona con internet tener su propia guillotina digital. Es Occidente odiándose a sí mismo y cancelando su propia historia, es la masa tumbando estatuas y declarándose heredera de todo el sufrimiento humano que debe ser vengado por la fuerza. Pero todo esto pasa en países donde hay democracia con Estado de Derecho, justicia independiente, alternancia en el poder, elecciones libres, libertad de expresión, legalidad, pluralidad, libertad, etc. Aquí la urgencia no permite esperar a la próxima elección ni a una sentencia del sistema judicial, que cuando llega ni siquiera importa porque ya se ha hecho justicia en la plaza.

Mientras tanto en los países sin democracia, secuestrados por caudillos que destruyen el Estado para someter a toda una población ya sin derechos, la actitud es la contraria: la tolerancia y el posibilismo. Los mismos que hacen la revolución en los países democráticos para desmontar esos Estados plurales y garantistas, sirven de apaciguadores en países con regímenes totalitarios e iliberales. Se visten de sensatez para convencer de que hay que acostumbrarse a vivir sin democracia y conformarse con pequeños cambios cosméticos progresivos, que dependen siempre de la caridad y concesión del autócrata. Y quienes resisten en nombre de la democracia y la libertad terminan siendo etiquetados como radicales que no saben convivir con quien lo oprime y son irresponsables por proponer la utopía de la pluralidad y la alternancia. El posibilismo se puede ver en Cuba con total nitidez, pero sus tentáculos también mueven piezas en Nicaragua y Venezuela, entre otros. Aquí sí no hay urgencia y las víctimas deben conformarse con una institucionalidad inexistente o secuestrada, esperando pasivamente por un cambio que quizá llegue en un futuro remoto, o no.

¿Se entiende la hipocresía, injusticia y hasta supremasismo de este esquema conceptual?  Mientras que en los países democráticos se prenden las hogueras para condenar a sospechosos de machismo, homofobia y racismo del siglo 19, en los países sin democracia se le pide a las víctimas actuales que se conformen y esperen. Ambas visiones tienen un punto en común que evidencia su procedencia, ambas son antidemocráticas. La cancelación actúa al margen de la ley y las instituciones democráticas, mientras que el posibilismo normaliza la ausencia de democracia. La agenda es clara: la destrucción de la democracia liberal.

Termino con datos concretos para entender mejor la trampa de estas narrativas antagónicas pero complementarias en su objetivo común. 1) Trump gobernó solo cuatro años en Estados Unidos y no se pudo reelegir, terminando con dos juicios ante el Congreso y sus redes sociales suspendidas. 2) En Colombia el periodo presidencial es de cuatro años sin reelección y hay un sistema electoral confiable y una justicia independiente. 3) En Chile se ha dado una alternancia perfecta entre la izquierda y la derecha y ahora se encamina a un proceso constituyente. 4) El chavismo tiene 21 años continuos mandando sin límites en Venezuela, violando derechos humanos y cometiendo crímenes de lesa humanidad probados. 5) Daniel Ortega ha mandado más de 20 años en Nicaragua y ejerce el poder de forma absoluta. 6) Evo Morales mandó 15 años continuos y la única y pequeña alternancia democrática que logró darse, a pesar de él, le costó la cárcel a una mujer. 7) En Cuba el régimen castrista totalitario del partido único comunista, tiene más de sesenta años y contando. ¿Se nota dónde hay democracia y dónde no?

Al parecer la democracia dejó de importar, no se valora donde la hay y tampoco importa que no la haya, olvidándose que la democracia es el único sistema que garantiza los derechos civiles de cualquier tipo, donde existe igualdad ante la ley y donde se puede hacer justicia verdadera. Lo que debería cancelarse cuanto antes en Occidente es a los tiranos que se perpetúan en el poder y lo ejercen de forma ilimitada oprimiendo al pueblo, porque el verdadero “posibilismo” sólo puede darse dentro de una democracia con legalidad, alternancia y separación de poderes.

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