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Afganistán: en la geopolítica mundial

Tomada de AFP

Félix Arellano

Resulta prematuro poder desarrollar el alcance y profundidad de los cambios que se plantean, producto de la crisis en Afganistán que se encuentra en pleno desarrollo; empero; en una primera lectura se puede apreciar, entre otros, el deterioro de la popularidad del presidente Joe Biden y las consecuencias que pudiera generar en las próximas elecciones legislativa de medio término (08/11/2022); la pérdida de liderazgo de los Estados Unidos y las repercusiones en el orden liberal internacional profundamente amenazado; adicionalmente, los beneficios que puede lograr la geopolítica del autoritarismo, en particular el ascenso hegemónico de China con este nuevo capítulo.

El cambio más dramático que se presenta con la toma del poder por el Talibán, tiene que ver con la posibilidad de que asuman de nuevo el sistema de terror, con la rígida interpretación de la Ley Islámica, que conllevó una profunda violación de los derechos humanos, particularmente contra las mujeres y los jóvenes, que aplicaron durante los años 1996-2001 cuando controlaron el poder.

Recientemente algunos de sus voceros, específicamente el mulá Abdul Baradar, quien encabeza la corriente moderada, han enviado mensajes de tolerancia, que pudieran significar cambios en sus rígidas interpretaciones religiosas. Pero no es fácil generar confianza, pudiera ser parte de un juego táctico, para facilitar el control del país. No podemos olvidar que sus textos y doctrinas fundacionales son ortodoxas y la actitud agresiva que están asumiendo desde los primeros días, presagian tiempos muy difíciles para el pueblo afgano.

La actual situación en Afganistán conlleva repercusiones importantes en los Estados Unidos. Al respecto, ya se aprecia como el partido republicano, debilitado con la derrota electoral y el bochornoso ataque al Congreso, está utilizando la salida de las tropas como un recurso de su campaña electoral; incluso, el expresidente Donald Trump ha encendido los motores electorales, desconociendo que el retiro de las tropas fue negociado y firmado durante su gobierno.

En el cuestionamiento interno del presidente Biden, algunos consideran que “Afganistán representa su Vietnam”. Adicionalmente, debemos sumar la desconfianza que se incrementa en la comunidad internacional, con relación al liderazgo y capacidad de acción de la potencia americana.

La política del “America first”, que promovió en su gobierno  Trump, caracterizada por un progresivo aislamiento de los socios tradicionales y de los temas sensibles de la agenda internacional, ha dejado una profunda huella de desconfianza, que se fortalece con los recientes acontecimientos en Afganistán.

Estamos conscientes de que el presidente Biden, desde que asumió el poder, está tratando de superar el aislacionismo que está enfrentando su país; empero, la caótica evacuación de Kabul transmite una imagen de debilidad y desorganización en política exterior, en un momento delicado para su liderazgo internacional, y limita las posibilidades de renovar la vigencia y efectividad de un orden internacional liberal fundamentado en principios, que privilegia las libertades, la democracia y los derechos humanos.

La Unión Europea, también enfrenta consecuencias negativas de la crisis que ha generado el retiro de las tropas de Afganistán, varios de sus países miembros participaron activamente en la invasión, en la llamada “Operación Libertad Duradera”, y si bien la mayoría habían retirado sus reducidos contingentes años atrás, la OTAN se vincula directamente con la presencia occidental en el territorio afgano y ha debido trabajar en la organización y coordinación de esa medida.

Por otra parte, un nuevo régimen de terror en Afganistán representa una amenaza para la paz y seguridad en Europa, tanto por las potenciales acciones terroristas, como por la nueva ola de refugiados que tratarán de llegar a sus territorios, un tema políticamente muy sensibles para la integración europea.

En este momento todo indica que la geopolítica del autoritarismo y, en particular, sus actores fundamentales, China y Rusia, podrían resultar los principales beneficiarios de la crisis, situación preocupante para la comunidad internacional, por las negativas repercusiones que puede generar al débil orden liberal internacional.

Además de la geopolítica del autoritaritarismo otro ganador de la crisis en Afganistán es su vecino Pakistán. Comparten la frontera más amplia y activa y existe una larga y estrecha relación con el Talibán, desde sus orígenes: luego, en la fase de la intervención occidental, ha representado el asilo para la mayoría de los talibanes sobrevivientes. Producto de esas viejas y estrechas relaciones, el gobierno pakistaní aspira a mantener una presencia muy activa en el nuevo gobierno.

China, que no mantuvo en el pasado una buena relación con el Talibán y nunca lo  reconoció como gobierno durante el llamado “periodo del terror (1996-2001); ahora, ante la importancia de los recursos naturales de Afganistán y aprovechando las coincidencias en su enfrentamiento con los Estados Unidos, se presenta como un importante aliado.  

Para China, el territorio afgano representa un objetivo estratégico muy preciado, particularmente por sus cuantiosas reservas de cobre, hierro, oro, plata, zinc; pero fundamentalmente de litio y de las llamadas tierras raras (lantano, cerio, neodimio), recursos fundamentales para el funcionamiento de las tecnologías de la 4ta Revolución Industrial, que el gigante asiático está tratando de dominar.

En tal sentido el gobierno chino mantiene su embajada en Kabul, y si bien aún no ha reconocido un nuevo gobierno, ha iniciado negociaciones informales para garantizar la seguridad de su personal y de sus nacionales en el territorio afgano. Adicionalmente, debemos tener presente que China representa la opción fundamental de financiamiento para el nuevo gobierno Talibán, más aún si los gobiernos occidentales y sus instituciones financieras, como es de esperar, aplican sanciones económicas al nuevo gobierno.

Ahora bien, el Talibán también representa una potencial amenaza para China y la gran mayoría de Estados, en el caso que reconvierta Afganistán en un santuario del terrorismo internacional. Conviene recordar que el gobierno comunista chino está enfrentando los movimientos islámicos en su territorio, como el de la etnia uigur, concentrada fundamentalmente en la provincia de Xinjian que limita con el territorio afgano.

Para la Rusia de Putin hay  condiciones políticas favorables con el Talibán en el poder, no representa al viejo comunismo de la URSS, que derrotó el Talibán en Afganistán, y comparte con ellos la narrativa antisistema contra los Estados Unidos. En tal sentido, ya habían iniciado conversaciones sobre la potencial participación rusa en los proyectos del nuevo gobierno en Afganistán y Putin ha designado a Zamir Kabúlov como su representante en ese país.

Pero no podemos desconocer que a Rusia le preocupa un nuevo gobierno Talibán radicalizado, que puede fortalecer los movimientos islámicos en el área de influencia rusa, en particular, en las Repúblicas de Tayikistán y Turkmenistán, que tiene amplias fronteras con Afganistán, y Rusia define como “republicas rebeldes”.

Para Irán, el Talibán puede resultar un aliado en el enfrentamiento con los Estados Unidos; empero, también existen importantes divergencias religiosas. Recordemos que el Talibán representa al sunismo en su visión más radical; por el contrario, Irán sostiene la interpretación más rígida del chiismo; las dos visiones islámicas que tradicionalmente se han enfrentado.

El terrorismo islámico constituye una amenaza para occidente, pero también para China y Rusia. En este contexto, con una dosis de pragmatismo, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad podrían iniciar conversaciones sobre la necesidad de establecer límites y controles al nuevo gobierno Talibán. Al respecto, podría resultar una interesante oportunidad, la reciente convocatoria de una reunión de emergencia del Grupo de los 7, para abordar de forma creativa los riesgos que conlleva la nueva situación de Afganistán.

La crisis de Afganistán pareciera no generar mayores repercusiones para nuestra región; no existen relaciones políticas, económicas o comerciales. Ahora bien, en la medida que la geopolítica del autoritarismo se presenta como el principal ganador, en particular sus actores fundamentales, China, Rusia e Irán, que están logrando una creciente presencia en América Latina, podemos avizorar un fortalecimiento de los valores autoritarios y militaristas en detrimento de los valores libertarios, la democracia y los derechos humanos.

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