Destacado

De la hegemonía política a la pluralidad democrática

Tomada de Newsweek México

José Castrillo

Venezuela vive una tensa situación política, económica y social, después de 22 años de  hegemonía política de la llamada revolución bolivariana, liderizada por el fallecido presidente Chávez y continuada por el presidente Maduro. En este largo periodo de nuestra historia política, hemos sido testigos del declive del paradigma de democracia  liberal que se instauró en 1958, cuando una conjunción de fuerzas políticas, económicas y sociales, derrotaron la dictadura militar del general Marcos Pérez Jiménez.       

Instaurada la democracia, las fuerzas políticas asimilaron sus errores, particularmente las del trienio de Acción democrática, entre 1945 y 1948, cuando este partido impuso su hegemonía frente a las otras fuerzas políticas y sociales dentro de la sociedad, y ello generó una confrontación  que devino en el golpe de Estado de 1948, contra el primer presidente electo por voto directo, Rómulo Gallegos, escritor y militante del partido AD.

Las fuerzas políticas –AD, Copei y URD- que fraguaron la democracia de partidos de 1958, entendieron, que la confrontación política debía ser mediada por un conjunto de reglas formales e informales, a través de las cuales, las decisiones políticas debían discutirse, negociarse y alcanzar acuerdos razonables, que impidieran la imposición absoluta de una de las facciones sobre el resto. De esa forma, el máximo consenso, en el marco de la pluralidad, la diversidad política y de intereses sectoriales  funcionó  en las primeras dos décadas del experimento democrático. Aunado a ello,  el crecimiento económico y la expansión de derechos sociales, a través de las políticas públicas, permitió un proceso acelerado de movilidad social, donde las clases populares podían aspirar a formar parte de las clases medias, gracias al acceso a la educación en todos los niveles.

El programa político de la democracia, cumplió buena parte de sus objetivos y metas políticas, económicas y sociales, gracias a los recursos generados por la renta petrolera.

Sin embargo, a finales de los setenta e inicios de los ochenta, la crisis económica por la caída de los precios del petróleo, afectó las capacidades distributivas de la democracia, a ello se sumó que los partidos políticos dominantes-AD, Copei-, principales mediadores entre el Estado y la sociedad, dejaron de cumplir ese rol de mediación, tan necesario para que el sistema político (instancia que distribuye el poder)  procesara  las demandas y problemas  de la sociedad manteniendo la gobernabilidad democrática.

Con menos recursos, más demandas y problemas sin resolver, y con baja legitimidad del liderazgo y los partidos democráticos, se dieron las condiciones perfectas para la emergencia de un nuevo estilo de líder, antisistema. La democracia del consenso se había agotado o perdió la capacidad de leer el nuevo contexto para entenderlo y afrontarlo inteligentemente.

En ese contexto, en 1998, Chávez gana la elección presidencial con el 56% del voto popular, y promete enterrar a la democracia que nació del Pacto de Puntofijo de 1958 y “sus vicios.” Impone una nueva constitución y se dedica a construir una nueva hegemonía política, desconociendo a los adversarios. La política se convierte en un ejercicio riesgoso y los procesos decisorios se hacen sin consultar a los actores políticos, económicos y sociales presentes en la sociedad.

 Con la hegemonía llegó el control de las instituciones y funciones del Estado, que debían actuar como contrapesos del ejercicio del poder ejecutivo.  Así el resto de los poderes del Estado, como el ciudadano, el electoral, el judicial, fueron colonizados por la facción política que ejercía el poder ejecutivo.

 Hoy parte de la crisis que padecemos es producto de la imposición de un modelo de hegemonía que ha desconocido varias de las reglas básicas del juego democrático, y donde la disidencia política, es vista como una amenaza para el proyecto hegemónico, el cual luce agotado política y económicamente.

Hay que hacer un gran esfuerzo colectivo para superar el proyecto político dominante actualmente, cuyo objetivo rector fue imponerse desconociendo la diversidad y pluralidad política y social de país, y cuya regla de decisión se basó exclusivamente en la máxima confrontación sin ningún tipo de consenso.

Hay que rescatar a la democracia como el régimen de gobierno que reconoce la pluralidad política y social; respeta la disidencia y la división del poder;  discute, negocia y acuerda con un mínimo consenso los procesos decisorios; y donde los funcionarios del Estado deben rendir cuenta periódicamente de sus actos y funciones ante la sociedad.

Gran tarea nos toca en un futuro, que esperemos no sea lejano: rescatar la DEMOCRACIA y sus reglas formales e informales de decisión, que garanticen la gestión de una comunidad política donde se reconozcan las diferencias y funcione la contención institucional contra los abusos y desviaciones del ejercicio del poder político. Ojalá hayamos aprendido la lección.

José Castrillo. Politólogo /Magíster en Planificación del Desarrollo.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s