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El quiebre de la Venezuela democrática, de CAP I a Caldera II. La indigestión económica de 1976

Tomada de i.pinimg.com

Andrés Cañizález

@infocracia

Al cerrar el año 1976 era notable la transformación que había ocurrido en Venezuela, transcurridos los dos primeros años del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Si bien desde el poder se soslayaban los problemas asociados al manejo de una renta petrolera elevada y súbita, desde el campo del análisis político y económico se dejaba testimonio de los signos del fracaso. Tener aquella riqueza petrolera no nos hizo ricos, al conjunto de la sociedad, ni sirvió para potenciar genuinamente el desarrollo nacional.

De indigestión económica calificaba Luis Ugalde, entonces director del Centro Gumilla, la dinámica de Venezuela. Contar con ingentes recursos en dólares, producto de la exportación petrolera, no se tradujo en mayores capacidades agrícolas o incluso industriales. Aprovechar la riqueza proveniente del crudo, un discurso que estuvo en boga en aquella época, terminó siendo una mera fantasía.

“Con el petróleo tuvimos la posibilidad de disponer de capitales que excedieron las cantidades de capital correspondientes a nuestra capacidad de utilización eficiente (…) venimos sufriendo una indigestión económica por querer imaginar que con sólo más capital lograríamos mayor producción”, sostenía Ugalde al cerrar aquel año 1976.

El boom petrolero registrado en 1973 coincidió con el otorgamiento del Premio Nobel de Economía a Wassily Leóntiev, un destacado pensador económico de origen ruso y luego nacionalizado estadounidense. Con él se reconoció “el desarrollo del método insumo-producto y su aplicación a los más importantes problemas económicos”, según la academia sueca. Este método, según se reseña en la actualidad, representó una aproximación empírica de las interrelaciones existentes entre los distintos sectores en que puede dividirse una economía nacional, tratadas como piezas de un equilibrio general.

Para Ugalde, el método de Leóntiev tenía plena pertinencia para explicar lo ocurrido en Venezuela. Con su método, Venezuela figuró como uno de los países del mundo con “mayor debilidad económica por tener un bajísimo ingreso agrícola”, que estaba asociado, además, a una deformación, dado el Producto Interno Bruto tuvo un alza por factores externos no asociados a la capacidad de producción. Asimismo, ocurría la liquidación de lo que entonces se suponía era un activo irrecuperable, el petróleo.

Si bien con el pasar de los años quedó demostrado que, en el caso de Venezuela, las reservas de crudo eran muy superiores a lo que se conocía en aquellos 1970, el asunto central estaba en retratar la intoxicación que supuso para el modelo democrático aquellos ingresos extraordinarios en tan poco tiempo.

La clase política, con un presidente Pérez que entonces gozaba de poderes plenos porque tenía mayoría en ambas cámaras del extinto Congreso Nacional, no logró manejar con éxito aquella situación que terminó generando o acentuando las distorsiones. Gracias a aquello, comenzó a germinar, entre muchos venezolanos, su desapego con el modelo democrático. La riqueza, en realidad quedó en pocas manos, y por difícil de entender que resulte, tras recibir tantos recursos el resultado fue una sociedad más desigual.

De acuerdo con cifras que manejaba en aquel momento el experto en relaciones laborales José Ignacio Arrieta, había una concentración clara del capital en un 5% de la población. Y si bien el gobierno de CAP I había prometido pleno empleo, incluso aumentando de forma artificial la burocracia, en la práctica el desempleo había crecido y alcanzaba el 16% de la población económicamente activa.

Un problema de fondo estaba en la falta de educación, que ya repicaba como un problema de largo aliento para Venezuela. El 22% de la fuerza laboral, en edad de trabajar, o bien eran analfabetos o habían alcanzado escasamente el tercer grado. Arrieta presenta datos de 1975-76, es decir tres lustros después de que se instaurara el modelo democrático.

Ugalde lo señalaba sin ambages. No había, en la Venezuela que danzaba en los petro-dólares, una política de incremento de la capacidad humana productiva. “La educación requiere una urgente revisión de su relación con el reto productivo del país”, sostenía quien posteriormente fue rector de la Universidad Católica Andrés Bello.

El cierre de 1976, por otro lado, era propicio para hacer un balance del primer año de la nacionalización del petróleo. El consumado estudioso Juan Pablo Pérez Alfonso si bien saludaba la decisión de Pérez, le parecía que era lo correcto haber nacionalizado a la industria petrolera, cuestionaba el manejo poco riguroso que ya salía a relucir.

Para Pérez Alfonso resultaba cuestionable que el propio gobierno no cumpliese con sus decisiones en materia de producción y de presupuesto. Con el petróleo, “el gobierno se considera autorizado a producir lo que quiere o puede, sin preocuparse para nada de la Ley de Presupuesto y, desde luego, mucho menos de los supuestos planes nacionales emanados de la propia administración”, sostenía uno de los fundadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Observaba con preocupación este reconocido experto que tras la nacionalización se hubiese elevado en diversos pozos petroleros la producción a un 100% de su capacidad, cuando la práctica entonces de “una industria petrolera bien administrada” colocaba la explotación entre 75 y 80% de capacidad producción de cada pozo.

Salía a relucir, en ese contexto, una característica propia del despilfarro y la idea de que debía aprovecharse al máximo la fiesta de los altos precios. No se preveía, entre quienes dirigían el país, que aquella ingesta tan abrupta, aquella borrachera de ingresos, terminaría dejando una larga resaca con consecuencias nefastas para el propio modelo democrático y su promesa de redistribuir la riqueza nacional.

Fuentes:

Arrieta, José Ignacio (1976) “Orientación del trabajo y del ingreso”.  En: SIC. Vol. 39. N° 389. pp. 398-400. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Pérez Alfonso, Juan Pablo (1976) “Nacionalización petrolera”. En: SIC. Vol. 39. N° 390. pp. 442-445. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Ugalde, Luis (1976) “Gasto público y trabajo creador”.  En: SIC. Vol. 39. N° 389. pp. 395-397. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

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