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La Cumbre para la Democracia

Tomada de Todos en Línea

Trino Márquez

@trinomarquezc

El presidente Joe Biden se desmarcó claramente de Donald Trump en el terreno de la defensa mundial de la democracia. Como parte de su estrategia, dirigida a reinsertar Estados Unidos en el multilateralismo, planteó la convocatoria, vía virtual, de la Cumbre para la Democracia, los días 9 y 10 de diciembre. 

Para Trump el sistema democrático era un incordio que le impedía atornillarse por siempre al poder. Cuando fue el candidato a la reelección por el Partido Republicano, en el marco de una teoría conspirativa carente de todo fundamento, anunció un supuesto fraude que estarían tramando los demócratas, cosa sorprendente pues los fraudes los organizan las fuerzas gobernantes, que manejan los hilos del poder.  Trump invirtió la relación: la estafa sería cometida por el Partido Demócrata, que para entonces tenía varios años fuera de la Casa Blanca. Entre sus flancos de ataque  estuvo el voto por correo, parte fundamental de la tradición norteamericana y uno de los símbolos más conspicuos de la transparencia y confianza de los ciudadanos en el sistema electoral de esa nación. Cuando perdió las elecciones en noviembre del año 2019, propició y avaló el asalto al Congreso el 6 de enero de 2020.  La complicidad de los senadores y representantes republicanos impidieron que Donald Trump fuera juzgado y condenado a quedar excluido por siempre del sistema político norteamericano. Esperemos, por el bien de ese país y del mundo democrático, que ese error no tenga fatales consecuencias para el futuro de la democracia estadounidense y planetaria.

Joe Biden propuso durante su campaña como candidato presidencial, fortalecer la democracia en el plano mundial. Ya estaba consciente de los peligros que se ciernen sobre el sistema de libertades y el avance del autoritarismo en todo el orbe. En Rusia y China, los liderazgos autocráticos de Vladimir Putin y Xi Jinping, respectivamente, se han consolidado. Con las últimas reformas a la Constitución rusa, Putin se aseguró detentar el poder hasta al menos el año 2034. Es decir, podría pasar en el Kremlin casi cuatro décadas. En los veinte años que lleva gobernando ha exterminado a sus opositores. A quienes no ha encarcelado o desterrado, los ha asesinado. Así de simple.

Xi Jinping ha hecho otro tanto. En el último Congreso del Partido Comunista Chino celebrado hace algunas semanas, logró que se modificaran los artículos que impedían la reelección del Presidente del país por más de un período consecutivo. Ahora podrá sembrarse en el cargo. Es un hombre de 68 años, lo cual para los estándares del liderazgo chino resulta bastante joven. Las reformas estatutarias las está combinando con un exacerbado culto a la personalidad, que lo han colocado al mismo nivel de Mao Zedong  y Deng Xiao Ping. Habrá Xi Jinping para rato.

Otros países de grandes dimensiones y altamente poblados donde la democracia está seriamente lesionada son Irán y Turquía. En India y Brasil, donde también imperan gobiernos de tendencia autocrática, el sistema representativo aún se mantiene. Incluso, resulta muy probable que en los próximos comicios se produzca un cambio en la conducción del Ejecutivo, al menos en Brasil donde la figura de Lula Da Silva se ha fortalecido como opción frente a Jair Bolsonaro, un dirigente político que no tiene dificultades para expresar su admiración por Donald Trump.

En América Latina, por primera vez en décadas existen tres regímenes de corte dictatorial: Venezuela, Nicaragua y el secular de Cuba. Coquetean con ellos los de El Salvador, Honduras, Guatemala y Bolivia.

La democracia es una luz que se apaga, según la acertada expresión de  Ivan Krastev. Para reavivarla, resulta fundamental que los líderes de las democracias  occidentales que aún quedan, definan una estrategia global que permita preservar los espacios democráticos existentes. Lo que se conoce de la agenda de la Cumbre para la Democracia es demasiado vago. Los temas de la Cumbre estarán centrados en fortalecer la democracia, combatir la corrupción y defender los derechos humanos en todo el orbe. Los analistas que han venido siguiendo su curso señalan la necesidad de darle sustancia para alcanzar acuerdos que recuperen la confianza en que es posible  –a pesar de las enormes dificultades existentes y del cerco autoritario que se extiende a lo largo de la Tierra- vivir en un mundo cada vez más libre.

Habría que establecer pactos que hagan posible consolidar los sistemas electorales, con la finalidad de lograr elecciones de los miembros del Poder Ejecutivo competitivas, equilibradas y transparentes. Evitar la reelección indefinida en la jefatura del Estado –causa principal de los modelos personalistas, pues  presentan al gobernante de turno como imprescindible e  insustituible-  debe convertirse en la aspiración de todos los demócratas del mundo.  Propiciar el acceso igualitario a los medios de comunicación públicos y privados. Garantizar la libertad de prensa e información y el pleno funcionamiento de los partidos políticos y de las organizaciones de masas, representan algunos de los temas y de las conquistas inaplazables para relanzar la democracia en el continente y el mundo.

Desechado Nicolás Maduro, Juan Guaidó fue invitado por el presidente Biden a la Cumbre. Tendrá el honor de representar las aspiraciones de los demócratas venezolanos. Esperemos que esté a la altura de ese compromiso.

PD: Insólitas las declaraciones de Julio Borges contra Juan Guaidó en medio de esta coyuntura.

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