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Y si nos va bien, nos dividimos

Tomada de Atalayar

Tulio Ramírez

@tulioramirezc

Finalmente las elecciones del 09 de enero para elegir el gobernador en Barinas, luego del arbitrario acto de suspensión de las celebradas el 21 de noviembre pasado, fueron ganadas por la oposición democrática. Si bien se reafirmó la votación anterior, fue un proceso no exento del acostumbrado abuso de poder. El gobierno apeló a toda su artillería. Una derrota en la tierra donde nació la revolución chavista era equivalente a que la Sierra Maestra, santuario de la lucha de los barbudos de Fidel, de la noche a la mañana se convirtiera en un bastión a favor de los anticastristas.

Eso no se podía permitir. Una revolución que pierde sus iconos, símbolos y narrativa, queda sin corazón y sin alma. Es como lo que sintieron los jerarcas del Partido Comunista Soviético cuando vieron caer las estatuas de Lenin en pleno centro de Moscú. Observar al “proletariado” que decían representar y defender, echar abajo la figura más emblemática del comunismo mundial después de Marx, supone una derrota moral sin precedentes.

No fue suficiente regalar neveras, lavadoras ni aupar candidaturas para dispersar el voto opositor, tampoco sirvieron las amenazas de quitar beneficios ni trasladar a Barinas a miles de soldados, simpatizantes de otros estados y líderes nacionales del PSUV. Más del 51% de los barineses salieron a votar atendiendo el llamado de sus conciencias. Sucedió lo que tenía que suceder, La balanza se inclinó hacia el candidato que representaba el cambio. Barinas estaba harta de los Chávez y del maltrato gubernamental.

Sin embargo este triunfo, a diferencia de lo que se podría pensar, no ha servido para cohesionar a los factores opositores. Las lecturas sobre esta victoria electoral han sido diferentes, inclusive desde el mismo bando ganador.

No se habían terminado de conocer los resultados electorales y ya habían salido a la palestra  posiciones encontradas. Léase bien, no nos referimos a las diferencias entre opositores y gobierno, cuestión que sería muy natural y predecible en un ambiente de permanente confrontación.

Las diferencias, los puntos de vista opuestos han surgido desde el propio sector opositor, lo cual reafirma esa vieja conseja de la izquierda venezolana en los tiempos en que las divisiones y subdivisiones de lo ya dividido, eran moneda corriente. Algunos dicen que fue Teodoro, otros que fue el mordaz y sarcástico Moisés Moleiro, o quizás cualquier otro, quien sentenció, en un acto donde varios partidos se unían en una coalición para un evento electoral, lo siguiente, cito: “y si nos va bien, nos dividimos”.

Al momento de escribir este artículo, solo han transcurrido horas del anuncio de los resultados electorales por parte del CNE y las redes sociales están a reventar. Los mensajes, en su mayoría escritos por opositores, son totalmente variopintos, lo que revela que la tan ansiada unidad, está un poco lejos de lograrse. Seguramente diría algún exegeta de Petkoff, de Moleiro o de quien finalmente haya dicho la célebre frase arriba comentada: “si nos fue bien y ganamos, ahora debemos proceder a dividirnos”.

Los mensajes variaban según la esquina donde estuviera ubicado el mensajero. La mayoría era de alegría y euforia por el triunfo. La coletilla más repetida era la que señalaba sobre “las lecciones que debíamos aprender de Barinas”. De estos grupos también sobresalían expresiones como “cuando vamos unidos, ganamos” o, “que nos sirva de lección, en la unión está la fuerza”. Otras, con alta frecuencia fueron: “y ahora al revocatorio con todos los hierros”, “se demostró que con el voto se puede” y “seguid el ejemplo que Barinas dio”.

Sin embargo, otro sector, no pequeño por cierto, también demostraba alegría pero con severas críticas al liderazgo opositor. “Ganamos por los líderes regionales, no por los alacranes de Caracas”, “hay que renovar el liderazgo de la oposición y dar paso a caras nuevas” o “la gente no quiere a los partidos, quiere a sus líderes naturales”.  

Los más radicales, ubicados en la posición: “Dictadura no sale con votos”, no mostraron ningún tipo de empatía con los entusiastas que lanzaban vivas a la gesta lograda. Sus argumentos estaban dirigidos a aguarle la fiesta a los “opositores ingenuos”, quienes “no se han dado cuenta que todo fue una maniobra del gobierno para lavarse la cara internacionalmente”. Otros mensajes del mismo estilo fueron: “el gobierno cedió esa gobernación para dar la apariencia de que en Venezuela hay procesos electorales pulcros y transparentes” y “cayeron en la trampa, ingenuos”.

Finalmente, como respuesta a los abstencionistas, otras voces airadas recomendaban a los reacios a participar en cualquier evento electoral,  “matarse con su propia vista” y “dejar de hacerle el juego al gobierno, evitando que los venezolanos vayan a las urnas”.

A todas estas, los simpatizantes del gobierno se abstuvieron de participar en la diatriba. No hacía falta. Los empellones verbales entre los mismos antichavistas eran suficientemente agresivos como para intentar superarlos. Prefirieron observar desde las gradas la batalla campal protagonizada por todas las facciones opositoras ante su propia victoria electoral.

Así están las cosas. Lograr llegar a un revocatorio con ánimo victorioso y una maquinaria aceitada para replicar lo de Barinas, solo será posible si ante las victorias parciales, nos mantenemos unidos y no nos dedicamos a cumplir la conseja de la vieja izquierda venezolana de la década de los 60, 70 y 80.

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