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¿Sorpresas?

Cortesía de MOVER

Benigno Alarcón

La amenaza de Rusia de desplegar tropas en Venezuela y Cuba como respuesta de Putin ante la imposibilidad de lograr sus objetivos diplomáticos sobre la crisis de Ucrania, refleja cómo los países de América Latina con los cuales guarda estrecha relación; constituyen piezas relevantes en la geopolítica. En el caso de Venezuela, parecería que estaba al tanto de esto y por ello quien se pronunció fue el ministro de la Defensa, General Padrino López, quien admitió que había presencia militar rusa en el país, aunque según fuentes castrenses, más que bases, lo que existe es la visita de técnicos para la gestión de armamentos. En todo caso, el gobierno de Biden y la Unión Europea han mantenido una posición equilibrada donde insisten en que el tema de Venezuela debe ser nuevamente tratado en la mesa de negociación en México. Y aunque el gobierno venezolano trata de darle largas al asunto, usando la extradición de Alex Saab como excusa, lo cierto es que al parecer está intentando más bien un diálogo directo con la Casa Blanca. Mientras tanto, en lo interno, el CNE aceptó la solicitud para la convocatoria del Referendo Revocatorio formulada por tres grupos diferentes y, acto seguido, lo liquidó de manera burda 11 días después, al negar las condiciones mínimas necesarias para su materialización, dejando claro el temor del gobierno ante su activación, el hecho es que seguimos sin tener un organismo electoral imparcial e independiente, y el avance o retroceso en las condiciones electorales está directamente relacionado con las probabilidades de éxito que tiene el gobierno en un proceso comicial

Primera Sorpresa: La Sorpresa Rusa

La semana pasada nos sorprendió con algo que casi nadie se esperaba. Rusia amenazó con desplegar tropas en Venezuela y Cuba, en represalia a la falta de avances en las negociaciones iniciadas recientemente en Bruselas y Bélgica para frenar las tensiones generadas ante el movimiento expansionista de Putin sobre Ucrania y la petición rusa de que este país no sea aceptado en la Organización del Atlántico Norte (OTAN).

¿Cómo se explica lo que está pasando? Desde que llegó al poder, la orientación de Putin ha sido la de regresar a la gran Rusia. Es decir, la expansión hacia la periferia, que fue el área de presencia de la antigua Unión Soviética. Desde 2014 hemos presenciado la presión sobre Ucrania y Kazajistán; un poco antes en Bielorrusia y también hacia los países bálticos.

Esa es la motivación fundamental de Rusia. Hubo un tiempo en que algunos analistas aseguraban que el tema Venezuela formaba parte del tablero internacional y en ese tablero se podía producir como una especie de canje de Venezuela por Ucrania. Pero esto no está planteado, debido a los limitados recursos de Rusia y sus capacidades que, desde el punto de vista de lo factible, no van mucho más allá de los ciberataques. Ello tendría más peso en Europa y en el escenario de los EE.UU., que en los de Venezuela, Cuba y Nicaragua, que son fundamentalmente aliados rusos. De modo que, incluir a Venezuela en esta discusión, apunta más bien a intentar ejercer presión política.

La reciente amenaza rusa se produjo con cuidado y deliberado foco en presionar y provocar a Estados Unidos. Primero, en respuesta a una pregunta –nada casual– el  vicecanciller Sergei Riabkov expresó que no podía confirmar ni descartar la opción de despliegue de apoyo militar a los países latinoamericanos mencionados. Luego el canciller Serguéi Lavrov se refirió a amplios vínculos militares con todos los socios y aliados y, finalmente, el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, se refirió a la variedad de opciones que Rusia –al igual que EE.UU.– consideran para garantizar su propia seguridad.

En todo caso, la declaración luce como una reacción desesperada ante lo que Rusia considera un fracaso del complejo proceso de consultas que arrancó la semana pasada en Ginebra. Allí el objetivo su fundamental era impedir la incorporación de Ucrania a la OTAN, un propósito de vieja data, porque cuando se negoció el tema de Alemania, entre Estados Unidos y Gorbachov, también se le prometió a Rusia que no se permitiría una expansión amplia de la organización. Putin quiere, por una parte, retomar esa vieja promesa, hacerla efectiva en el caso de Ucrania, pero sobre todo porque su gran preocupación es lo que considera su entorno geopolítico natural.

Una expectativa negativa cobra sentido por el precedente de Crimea, y la posición rusa en el este de Ucrania de promover la secesión. Tenemos muy cercano el caso de Kazajistán, donde Rusia –amparándose en un acuerdo de seis miembros de las exrepúblicas soviéticas (el Tratado de Seguridad Colectiva que data de 1992), concretó una intervención militar al estilo del viejo Pacto de Varsovia. Todo esto es posible debido a que el presidente Vladimir Putin se siente consolidado a nivel interno como consecuencia de haber logrado las reformas políticas que le permitirán perpetuarse en el poder por lo menos hasta el 2036, siente que tiene el respaldo y estimula la cohesión nacional en torno a sus políticas expansionistas.

Por otra parte, encuentra en Europa y los Estados Unidos un occidente débil y fragmentado. A Estados Unidos con un Parlamento muy complejo que limita al presidente norteamericano; y donde el expresidente Donald Trump, quien tiene un gran control sobre el Partido Republicano, mantiene una posición complaciente frente a Putin. Mientras que dentro del Partido Demócrata persiste la división de los más progresistas, que no apoyan el uso de la fuerza.

Otro elemento para destacar con respecto a Rusia es que ha sido muy hábil en el manejo de la guerra híbrida, en el tema del ataque a las democracias, especialmente a Estados Unidos, pero también a las europeas. Promueve las corrientes anti integracionistas y secesionistas, como el caso de España. En este sentido, Putin juega a la división y aprovecha las debilidades del mundo occidental. Rusia percibe que, en el caso de Crimea, la reacción fue relativamente débil y por eso juega duro en el caso de Ucrania.

Y este juego duro pareciera que incorpora a los países latinoamericanos como fichas de juego, como fichas para presionar, como reacción un tanto impaciente frente a lo que se consideran “los fracasos” de las reuniones en Ginebra. Y esa impaciencia los está llevando a incrementar tropas frente a la frontera de Ucrania y a tomar decisiones como el retiro de parte del personal consular, no en Kiev, la capital, sino en otros estados más pequeños, lo que estaría dando señales de una inminente invasión. Mientras Occidente sigue apostando fuerte a la negociación, tal como se evidencia del llamado de la Unión Europea y del secretario de Estado de EE.UU., Anthony Blinken, a retomar las conversaciones.

Es necesario destacar que, en el plano latinoamericano, Rusia trata de mostrarse fuerte y mantener sus alianzas, expandiendo los proyectos individuales de cada uno de los gobernantes que se alinean con la ideología socialista. En cuanto a Venezuela, hay quienes advierten que para el gobierno la advertencia de Putin no fue ninguna sorpresa. Unas semanas antes de concretarse la amenaza, el canciller Félix Plasencia y el ministro de la Defensa, General Padrino López, se reunieron, por separado, con el embajador ruso en Venezuela, Sergey Mélik-Bagdasárov, de lo que podría inferirse que las declaraciones que vendrían fueron conversadas. Por su parte, el largo silencio de Nicolás Maduro antes de expresar su apoyo a Putin, puede también interpretarse como signo de su interés por negociar directamente con la Casa Blanca, y no con los intermediarios de oposición, que no son quienes tienen el control sobre las sanciones.

Segunda Sorpresa: La Sorpresa del CNE

Mientras tanto, y antes de los esperado, el pasado 17 de enero el Consejo Nacional Electoral nos sorprendió con la aceptación de la solicitud del Revocatorio Presidencial. Sin embargo, las cosas no ocurrieron tal y como se habían previsto. No solo se formalizó la solicitud por parte del grupo Movimiento de Venezolanos por el Revocatorio (MOVER), liderado por Nicmer Evans, César Pérez Vivas y Nelson Chitty La Roche, y que desde el año pasado viene organizándose con esa finalidad; sino también se presentaron otros dos grupos: Todos Unidos por el Referendo Revocatorio y el Comité Ejecutivo Nacional de Confedejunta, en conjunto con el Comité de la Democracia Nacional como Internacional.

En el caso de Todos Unidos por el Referendo Revocatorio solo se conocen los nombres de dos de sus integrantes: Gonzalo Contreras y Julio César Scivoletto, quienes estaban vinculados a Bandera Roja, que es uno de los partidos que fue intervenido por el Tribunal Supremo de Justicia. Julio Cesar Scivoletto fue candidato en 2013 a la alcaldía del municipio Guaicaipuro, Los Teques, en el estado Miranda, con el apoyo de la tarjeta de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Luego declinó a favor de Rómulo Herrera, también de la MUD. Hoy se les vincula más al grupo de la “mesita” o la Alianza Democrática. De la tercera agrupación, el Comité Ejecutivo Nacional de Confedejunta, prácticamente no hay información más allá de que son actores de Valencia y el firmante de la solicitud es Eloy Castillo.

Si bien sorprendió a todos la aceptación inmediata por parte de las autoridades del Consejo Nacional Electoral (CNE) de estas solicitudes, eliminando además el primer paso, que es la recolección del 1% de las manifestaciones de voluntad (firmas), lo que facilitaba el proceso al restarle unos 62 días, sorprendió mucho más la violenta convocatoria a la recolección de las manifestaciones de voluntad para el próximo miércoles 26, o sea 9 días después de aceptada la solicitud, adelantando el proceso en casi tres meses, evitando así el alistamiento de la oposición convocante, mediante la apertura por 12 horas de menos del 1% de los centros (1200), para que participen al menos el 20% de los electores inscritos, lo que se traduce en la negación del ejercicio de este derecho contemplado en la Constitución por la inviabilidad fáctica del proceso bajo los términos planteados.

La decisión del directorio del CNE del pasado lunes 17 generaba ya suspicacias, acostumbrados como estamos a un proceso de dilaciones por parte del ente electoral. Lo sucedido en el directorio del pasado viernes 21, confirma el hecho de que la activación del Referéndum Revocatorio sin oposición de ninguno de los rectores tenía la intención de rematar el proceso de manera de no dar a la oposición tiempo para organizarse.

Sin lugar a duda, esta burda maniobra de parte del Consejo Nacional Electoral deja claro el temor del gobierno a la activación de un referéndum revocatorio, el hecho es que seguimos sin tener un organismo electoral imparcial e independiente que pueda garantizar las condiciones de futuras elecciones, y que el avance o retroceso en las condiciones electorales está directamente relacionado con las probabilidades de éxito que tiene el gobierno en un proceso comicial. Esto echa por tierra el intento del régimen por tratar de lograr mayor legitimidad ante la comunidad internacional, o su reconocimiento como régimen democrático o en vías de democratización, aleja la eliminación de las sanciones, y a los electores de cualquier expectativa positiva sobre un posible cambio por la vía electoral.

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