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La desoccidentalización de América Latina comienza con el odio a España

Tomada de ABC

José Guédez Yépez

Presidente de la Asociación Causa Democrática Iberoamericana

No es casualidad que el tirano Maduro se haya unido al coro dirigido por López Obredor sobre la condena a España por la colonización de América. Hace poco creó una comisión para determinar delitos cometidos hace siglos, exigiendo de antemano una indemnización al reino español. Pero detrás de esta nueva moda se esconde algo más que simple populismo victimista o complejo tercermundista, esta vez se trata de una estrategia bien pensada y peligrosa para desoccidentalizar algunos países latinoamericanos y, de esa forma, cancelar su democracia.

Veamos la imagen completa. Condenar la colonización española es condenar y rechazar su legado. Y se hace bajo el formato vanguardista de la cultura de la cancelación que juzga el pasado y la historia de forma descontextualizada para favorecer una posverdad conveniente a un pensamiento único. El silogismo es sencillo: si la colonización es el crimen, todo lo que existía antes es bueno y todo lo que vino después es malo, incluyendo la democracia liberal y las constituciones actuales. Por eso es que la supuesta reivindicación en el fondo no es más que una excusa para imponer proyectos tribales, tiránicos e iliberales. Por ejemplo, cuando AMLO intente reelegirse contraviniendo la constitución de México, este dirá que esos límites al poder son vestigios colonizadores impuestos a sangre y fuego por una cultura invasora a la población originaria que solo él representa. Y Maduro también usará esa narrativa populista para justificar otra reelección fraudulenta para prolongar su dictadura.

Lo que buscan es convertir a América Latina en una nueva Afganistán, asignándole a España el rol de Estados Unidos, alegando que la cultura occidental es una imposición extranjera para exigir su retirada. De esa forma hasta los derechos humanos serán parte de ese legado colonizador satanizado. Esta estrategia se inscribe además en un contexto geopolítico en el que varias naciones latinoamericanas ya ven en Rusia, Turquía, Irán y China a sus aliados naturales y los modelos a seguir. Se trata, a todas luces, de la desoccidentalización de América Latina, en favor de proyectos totalitarios o tiránicos que no quieren saber nada de alternancia y separación de poderes.

Todo esto tiene como punto de partida el odio a España, el enemigo anterior, el invasor genocida culpable del retraso y las injusticias actuales. Por eso es que debe ser España la que asuma entonces su rol histórico de defender su legado y de proteger los derechos de millones de latinoamericanos que quieren contar con la misma democracia que hay en Europa, y con todo derecho. Esto es parte también del avance del bloque oriental antioccidental y antidemocrático, que no solo acecha a Europa a través de Ucrania, sino que también intenta recolonizar a América Latina. Hay muchas razones para dar esta batalla cultural, pero hay una muy práctica y es la emigración que seguirá generando el avance de los tiranos en Latinoamérica. Cancelar la historia de Occidente es en definitiva cancelar la democracia liberal. Esta es la intención final. Por eso quienes lo intentan son casi todos de formación comunista. Es el totalitarismo contraatacando.

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