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Entre la Nación y sus verdugos

Tomada de InfoMoney

Andrés Caleca

Desconcierto, confusión y no poca decepción, se perciben en amplios sectores de la base opositora venezolana más activa en la opinión que se transmite en redes y medios. Mientras, la inmensa mayoría de la población, aun estando convencida de que la precaria situación del país es consecuencia directa del nefasto régimen, se mantiene ensimismada en la sobrevivencia personal y familiar y muchos otros (más de lo que un observador distraído pudiera suponer), postrada en la miseria, la insalubridad, el abandono y la indolencia. Adicionalmente, más de 5 millones de nuestros compatriotas, han huido por la desesperanza.

El régimen que encabeza la camarilla enquistada en Miraflores, tiene la desaprobación del 80 % de los venezolanos. De manera consistente lo reflejan todas las encuestas serias que se han hecho en el país en los últimos meses, ratificadas de manera contundente en los comicios regionales y locales de noviembre: los algo más de tres millones setecientos mil votos que sacó el “Gran Polo Patriótico Simón Bolívar”, suponen apenas el 17,59 % del registro electoral proporcionado por el CNE. Es la peor votación, en términos absolutos y relativos, que ha obtenido el chavismo desde que irrumpió como movimiento político electoral en Venezuela.

 Las razones de esta verdadera e incontestable debacle electoral y política son suficientemente conocidas y pueden resumirse en una certeza: estamos en presencia del peor gobierno que haya sufrido Venezuela en los últimos 120 años. La inmensa mayoría de los venezolanos estamos conscientes de eso y  sin embargo, allí continúa; sustentado en la fuerza de las armas de la República, puestas a su servicio por una claque militarista que solo piensa en sus fueros y privilegios; enriquecidos por el inmisericorde saqueo de las menguadas arcas del Estado; actuando el mandón como un locuaz “mamarracho repartidor de prebendas” y apoyados por la detestable internacional de los gobiernos autoritarios del planeta.

Pero también, y no podemos callarlo por más doloroso que sea, el régimen se mantiene por la inercia que genera la inexistencia de una fuerza política capaz de disputarle el poder. Nosotros, la oposición venezolana, a pesar de los esfuerzos, muchos de ellos heroicos, no hemos sido capaces de derrotar al chavismo ni de construir, al día de hoy, un movimiento capaz de plantarle cara de manera eficiente. Las acciones represivas y divisionistas del gobierno han contribuido a ello, sin ninguna duda, pero los errores cometidos deben ser reconocidos, analizados y superados para poder avanzar y salir del estancamiento.

La primera conclusión a la que debemos llegar, pese a lo duro que pueda resultar para algunos, es que no existen atajos, ni escaramuzas, ni milagros que puedan conducirnos a una victoria repentina. La naturaleza del adversario y la actual debilidad estructural de nuestras fuerzas, nos obligan a afrontar la realidad ineludible de una lucha prolongada y no un contrarreloj expedito.

La dirección opositora ha estado sometida a la presión constante de sectores muy influyentes en los cuales, aun con la mejor buena fe, predomina la impaciencia, la ansiedad, el aventurero espíritu de la revancha relampagueante que logre desalojar de un manotazo a los usurpadores. No ocurrirá así, como no ha ocurrido hasta ahora a lo largo de esta noche que ya dura más de 20 años.

 Nada sustituirá el trabajo político que habrá que hacer para superar nuestra propia debilidad y aprovechar las del adversario hasta lograr su derrota definitiva. Será un proceso de altibajos, de victorias y derrotas parciales, de espiral ascendente, de oficio, de tesón, de paciencia estratégica y acerada voluntad de poder.

El primer paso tiene que ser la coordinación de las distintas expresiones de las oposiciones realmente existentes; partidistas y no partidistas. No son pocas, pero todas son útiles. Dispersas como están no son adversario para el feroz enemigo que tienen enfrente.

La coordinación estratégica es indispensable alrededor de un objetivo que no puede ser otro que provocar una rebelión civil contra la autocracia y por la conquista de la democracia y la libertad escamoteada por los golpistas de antaño. Una rebelión civil que logre derrotarlos, pese al enorme poder represivo que blanden con desparpajo, porque será el resultado  del respaldo decisivo de la aplastante mayoría de la Nación.

El fortalecimiento, la renovación, el reajuste interno de los partidos de la oposición, será otro reto insoslayable que debe asumirse de inmediato. Cada quien según su idiosincrasia, sus formas y su cultura organizacional, pero todos reconociendo la realidad de sus limitaciones y carencias, luego de años de represión y desgaste.

Sin esa coordinación estratégica y funcional y sin partidos fortalecidos, será casi imposible avanzar en la lucha por venir, porque el siguiente paso es ampliar el radio de influencia de la lucha opositora, enfocados todos en el objetivo estratégico señalado, más allá de los partidos y de sus militantes, hasta establecer redes con el resto de la sociedad, sus organizaciones civiles, sindicatos, gremios, asociaciones, organizaciones no gubernamentales de distinto signo, sectores de la cultura, la ciencia, el deporte; todos maltratados por la situación actual, todos reprimidos, subestimados y atropellados por un régimen de vocación totalitaria que los considera una amenaza para su existencia y donde todos seremos necesarios: desde el político profesional, el dirigente gremial o sindical, el líder comunitario, vecinal, la mujer y el hombre común, desde su puesto de trabajo, de estudio, de su jubilación, desde el exilio. Todos, en todos los ámbitos, en una lucha total y en todos los frentes.

Ampliar la lucha política y social en todos los ámbitos de la geografía nacional, retomando el papel vital de la provincia, sus dirigentes, sus realidades particulares, concertándolas nacionalmente y dándoles el peso que realmente tienen.

Todo concebido para estructurar un poderoso movimiento contrario al gobierno, que vaya más allá del rechazo inerme y resignado y se convierta en una mayoría política viva, predicante, proselitista; capaz de propagar el mensaje, la posibilidad y la superioridad de la democracia para revivir a la Nación y garantizar un futuro de paz y prosperidad para todos los venezolanos.

Una mayoría política y social irreductible que impida la estabilidad de la camarilla depredadora en el gobierno; que les impida robar, reprimir, destruir con impunidad; una estabilidad antinatural y que no merecen quienes se mantienen en el poder solo para medrar, aprovechando delictuosamente los recursos del Estado. Una mayoría política y social de largo alcance, con fuerza suficiente para derrotar al chavismo y cobrar el triunfo, en cualquier contienda electoral o política que se plantee y con la solidez necesaria para dar soporte estable al nuevo gobierno que surgirá inevitablemente.

Ese es el camino que tenemos por delante; no es fácil, ni es rápido, pero es el camino. Mujeres y hombres de este país los ha habido, los hay y los habrá, capaces de liderar, luchar, combatir y hacer lo necesario para alcanzar la victoria. Como escribiera hace 70 años, en otra época aciaga de nuestra historia, el Dr. Leonardo Ruiz Pineda, es otra vez un duelo entre la Nación y sus verdugos. La Nación saldrá victoriosa de nuevo, de eso no tengo la menor duda.

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