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Tiempos de conflicto

Tomada de Mundo en Conflicto-CRUCE

José Castrillo

Cuando a finales de los años 80 e inicios de los 90, cae el muro de Berlín, representación fehaciente de la división ideológica entre la democracia y el comunismo soviético, hecho que representó el fin de uno de los conflictos más intensos de la historia del siglo XX: la Guerra Fría, el mundo vivió una gran euforia colectiva. Ese evento político, generó grandes expectativas sobre el futuro, donde la democracia política y la economía capitalista de mercado, serían los paradigmas de organización que se impondrían en la mayoría de las naciones del mundo (tesis de Francis Fukuyama en su ensayo El Fin de la Historia).

Según analistas y estudiosos de los procesos políticos, en términos históricos, los conflictos se reducirían y se consolidaría una nueva etapa, era o momento de paz y cooperación entre las naciones. Hoy ese ideal de paz y consenso, está haciendo sacudida por un conjunto de conflictos en distintas regiones del mundo.

Con los profundos cambios tectónicos que ha generado la globalización económica, la revolución de las comunicaciones y la ausencia de un relato político-ideológico que genere un estado de certeza, protección y seguridad a las sociedades actuales (crisis de la democracia y la emergencia del populismo autocrático), están resurgiendo viejos conflictos que estaban subyacentes en el marco de la guerra fría, como el nacionalismo, el fundamentalismo religioso y étnico, entre otros.

Paralelo a la emergencia de estos viejos conflictos, emergen nuevos como el reacomodo geopolítico y geoeconómico actual, cuyo centro se ubicaba en el eje Euro-atlántico, bajo el dominio de Estados Unidos y cuya centralidad se mantuvo por 500 años, y hoy se mueve hacia el eje Asia-pacífico, cuyo centro de gravedad está en la emergente China con todo su potencial demográfico, económico, tecnológico y militar.

Estados Unidos como la potencia dominante y China como la emergente, que busca su lugar en el mundo, prometen una línea de confrontación estratégica para las próximas décadas en el orden internacional que se está configurando.

 Otra línea de conflicto es el que se desarrolla y fragua en el Medio Oriente, entre las dos corrientes del islam: los sunitas y chiíes. Los sunitas son mayoría demográfica, liderizada por Arabia Saudí, se enfrentan a la creciente influencia política del chiismo Iraní, en la región, particularmente en los estados islámicos donde hay importantes minorías chiíes o donde son mayoría como en Irak y Yemen. Este conflicto está activo en estos dos países y en Siria, y amenaza con irradiarse a otros estados islámicos, con graves consecuencias para la estabilidad regional.

El creciente nacionalismo hindú, aupado por el partido gobernante, el cual viene consolidando un discurso integrista, que seguramente derivará  en un aumento de la confrontación con las minorías no hindú, que forma parte de esa vasta nación. A este potencial conflicto habría que agregar las diferencias o rivalidades históricas entre la India y Paquistán, este último país musulmán y ambos con armas atómicas.

 La dictadura totalitaria y nepótica de Corea del Norte, que viene desarrollando capacidades misilísticas  de mediano y largo alcance, es un actor conflictivo, que supone una amenaza real para Japón, Corea del Sur y Estados Unidos, al usar su potencial militar para intimidar a la comunidad internacional.  Un error de cálculo de parte de los actores involucrados en esta confrontación puede generar una guerra regional que involucraría a Japón, China, Corea del Sur y los Estados Unidos.

 Otra línea de conflicto que pasó de latente a activa, es la que estamos presenciando en la actualidad entre los Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, por la decisión de este último país de invadir a Ucrania, el 24 de febrero pasado.

 Rusia y su jefe de Estado, Vladimir Putin, alegando que, por razones históricas y de seguridad nacional, Ucrania no puede formar parte de la Unión Europea y menos de la OTAN, organización militar creada en 1949, para contener la expansión del comunismo a Europa Occidental, decide una invasión militar contra un Estado-nación, que al desintegrarse la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de la cual formaba parte, decidió en 1991, mediante un plebiscito, ser independiente y libre.

Rusia nunca ha aceptado esa decisión del pueblo ucraniano y hoy por la fuerza de las armas trata de anular el derecho de existir de ese país, a través de su derecho a veto sobre el principio de autodeterminación de otros pueblos. Este conflicto tiene grandes repercusiones geopolíticas para la región de Europa y estratégicas porque Rusia ha amenazado con usar su potencial atómico si se involucra la OTAN en esta guerra.

Si este conflicto sale de la frontera de Ucrania, se agravaría la situación porque pudiera implicar una confrontación militar entre actores que tienen capacidades atómicas, que pueden amenazar la vida en todo el planeta.

 Los países ubicados entre Rusia y  Europa Occidental (Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania) se han convertido en un espacio de rivalidad estratégica.

 Cuando creímos que luego del fin de la Guerra Fría, veríamos emerger un mundo más estable, pacífico y seguro, asistimos a viejos y nuevos conflictos, que ameritan   un liderazgo político responsable para evitar que las diferencias no degeneren en guerras catastróficas, que afectarían a todo el mundo, dada las densas redes de conexiones de la globalización.

 Ojala, la diplomacia y el cálculo estratégico realista se imponga en estos nuevos tiempos de conflicto.

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