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Editorial N°59: Reivindicar la democracia

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Reivindicar la democracia

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Daniel Fermín Álvarez / 09 de abril de 2015

El pasado 7 de abril se cumplieron 46 años del fallecimiento de Rómulo Gallegos.  Veintiún años antes, Gallegos, civil y civilista, se había convertido en el primer presidente electo por el voto directo, secreto y universal de los venezolanos.  La elección de Gallegos fue algo inédito en la historia de un país devastado por las secuelas de un siglo de guerras intestinas y el dominio pleno de la bota militar.  Con la elección de Gallegos se abrían las puertas de la participación democrática.  En esa elección, que produjo movilizaciones nunca antes vistas y protagonismo popular, significó un desafío al militarismo y a los rígidos límites del esquema tutelar que tomaba al pueblo por espectador pasivo y no protagonista de sus propios asuntos.  Significó esa elección un trastoque a elementos estructurales, culturales e institucionales que definían a la Venezuela de entonces.  En esa elección, el pueblo llano eligió como Presidente al escritor más grande de América Latina.  Ese pueblo, analfabeta y carente tras años de camarillas palaciegas que en poco o nada orientaban la acción del gobierno a la satisfacción de las necesidades populares, supo elegir.

El poder de la democracia está presente en toda nuestra edición de hoy. Carlos Romero se va a lo local para hacer el caso de “La rendición de cuentas como resistencia pacífica y democrática”, en su columna Debate Ciudadano.  Romero expone la experiencia de la Red de Organizaciones Vecinales de Baruta y la presentación de informes de dos concejales de ese municipio en lo que se constituyó como “un espacio público para el encuentro entre electores y elegidos”.  El artículo señala los beneficios de la rendición de cuentas como algo más que una obligación legal y destaca la manera en la que esta fortalece la institucionalidad y promueve los valores de la participación democrática y del municipio como unidad política primaria.

En su columna El Faro, Benigno Alarcón presenta un completo análisis titulado “¿Es posible que la oposición gane las elecciones legislativas?”.  El profesor Alarcón analiza los escenarios económicos, políticos e internacionales para dar luces sobre lo que pudiera ocurrir este año en el plano electoral.  Plantea la elección de diputados a la Asamblea Nacional como una carrera de obstáculos que, si la oposición logra sortear, puede ganar, aunque esto se deba más a los efectos de la crisis sobre la abstención y la disidencia chavista.  De manera tajante afirma que “el descontento chavista pareciera ser el factor clave que definirá los resultados de esta elección”.  De modo que, ante una elección que luce perdida, ¿cómo se comportará el gobierno? Esa es la pregunta que guía las conclusiones de este artículo, que se pasea por distintas alternativas que podrían manejarse desde el poder, todas de gran riesgo para el gobierno nacional.

En Otras Opiniones, recibimos la colaboración del periodista Guillermo Ramos Flamerich, quien vuelve a presentar un artículo desde la óptica de la comunicación política, esta vez titulado “El líder político y la opinión pública en Venezuela”.  En este artículo, Ramos Flamerich aborda el tema de la opinión pública como reto comunicacional para el liderazgo y, tras exponer algunas consideraciones teóricas, alerta sobre la relación entre opinión pública y medios de comunicación de masas, señala la particular importancia del elemento emocional en el discurso político venezolano y destaca algunos hitos importantes en la dinámica mediática del país, como el mítico “por ahora” que impulsó a un comandante golpista al estrellato mediatizado.  Cierra Ramos Flamerich desmenuzando las particularidades del discurso político y destacando la importancia de la opinión pública para el liderazgo, para concluir abogando por la construcción de una visión compartida de país.

En esta edición vuelve nuestra columna PolítiKa de Calle.  En esta oportunidad, nos vamos a la ruralidad venezolana como telón de fondo de un Estado ausente y de una ciudadanía presa de la conflictividad político partidista que llega a constituirse en obstáculo para los servicios públicos y el bienestar colectivo.  En “Donde no llega el Estado”, quien escribe conversa con Gustavo Cisneros, promotor comunitario de la Zona Rural de El Hatillo, sobre cómo se vive en una población que, siendo rural, sigue estando en los linderos de la Caracas metropolitana, ubicada en un municipio variopinto tenido por muchos, erróneamente, como rico.  Abordamos temas relativos a los distintos niveles de gobierno, a la coordinación (o falta de) entre ellos, a los elementos que perjudican a la comunidad, y a las carencias, esas que se aturden con su presencia en todo lo rural.  Es “la otra cara de Venezuela.  La gente que necesita, la gente que no tiene, la gente que pasa trabajo”, nos dice Gustavo.  Concluimos abogando por el fortalecimiento del músculo comunitario, de ese vínculo social primario, directo, que consolida la democracia desde abajo e impulsa las reivindicaciones a través de la participación y el reclamo colectivo.

La democracia no es accesoria al progreso y el desarrollo de una nación.  Es esencial.  No se puede dejar “para después”.  Siempre es necesario impulsar y construir una mayor y mejor democracia.

El Presidente Gallegos terminó gobernando por un breve paréntesis de nueve meses, antes de que el militarismo sacara nuevamente sus garras.  Aun así, su elección popular, democrática, directa, secreta, abierta al pueblo todo sin barreras ni exclusión, sin excusas tutelares revestidas de argumentos apoyados en muletillas culturalistas, fue el preludio de la época de mayor progreso, libertad, conquista popular, movilidad social y desarrollo que ha vivido el país en su historia.

A 46 años de su partida, Gallegos nos permite reivindicar la democracia.  Nos da la lección de un pueblo sabio que supo elegir, pese al lugar común que, por más de un siglo, decía que “no estaba listo”.  También nos permite comprender que en democracia habrá aciertos y errores, pero que es fundamental que las decisiones que atañen a lo público se tomen de manera abierta y participativa, que esos aciertos y esos errores salgan de la gente misma y no de grupúsculos reducidos.  Reivindicar la democracia es apostar a los ciudadanos como protagonistas de su destino y custodios de su bienestar y, con ellos, del destino y bienestar de la Nación.

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