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Editorial N° 71: Parlamentarias, candidatos y democracia deficitaria

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Daniel Fermín Álvarez – 3 de julio de 2015

Cada día que pasa queda más claro que tenemos una democracia deficitaria. No nos referimos a la perfectibilidad natural de todo sistema democrático, esa cualidad que le es inherente, sino a las carencias de la nuestra, cada día más golpeada y venida a menos. Nuestra democracia dista mucho de ser “participativa y protagónica”, como reza el credo oficial. Sin entrar en consideraciones sobre las pretensiones autoritarias de un régimen híbrido como el que está en el poder, lo que hay de democracia, maltrecha, se va reduciendo en su campo de acción y en sus medios de participación.

La selección de candidatos a la Asamblea Nacional es particularmente ilustrativa de este punto. A ambos lados del espectro polarizado las decisiones se tomaron “arriba”. La Mesa de la Unidad Democrática realizó unas primarias muy limitadas en contados circuitos del país. El Partido Socialista Unido de Venezuela reservó para su Dirección Nacional prácticamente la mitad de sus candidaturas. De modo que la gente, que debería ser protagonista en la elección de sus representantes, quedó relegada una vez más, fuera del juego y reducida a un papel de mero espectador, expectante a las decisiones de las élites.

La Asamblea Nacional es el órgano representativo por excelencia. Representativo de los ciudadanos de los distintos Estados del país. De modo que lo ideal es que los candidatos respondan a ese criterio y sean, en consecuencia, representativos realmente de esas regiones.

Lo que observamos hoy muestra una película totalmente distinta. La conformación de planchas reproduce una práctica malsana, que se parece más a un certamen del Miss Venezuela que a una representación de los intereses de los Estados. Así como, en muchas oportunidades, Miss Amazonas es caraqueña y Miss Península Guajira es de Barquisimeto, un vistazo a las candidaturas de lado y lado dejan ver candidatos “paracaidistas” e incluso diputados que van a la reelección por circunscripciones distintas, en Estados distintos, a las que representan en la actualidad. Esto es contrario al espíritu del artículo 188 de la Constitución Nacional y hace del federalismo y la descentralización, una vez más, una burla. Adicionalmente, desde la presidencia de la Asamblea Nacional salen amenazas y se propone la firma de renuncias anticipadas para cuidarse de “traiciones”. Detrás de todo esto está la idea de que los diputados son “cuotas” de los partidos y de que a ellos representan. Esto es un contrasentido, pues los diputados representan a sus electores y a sus regiones. Reconocer, denunciar y combatir estas prácticas es fundamental en la promoción del cambio real y de una democracia genuina.

En el Espacio Plural de nuestra sección Opinión y Análisis, Luis Salamanca escribe “Primarias comparadas”. El profesor Salamanca parte de una conceptualización clara de este mecanismo democrático, para seguidamente comentarlo a la luz de la historia de Venezuela. El autor propone que las primarias dan lugar a procesos más democráticos y emprende una comparación entre las primarias recientes del PSUV y de la MUD, destacando sus alcances y limitaciones y ofreciendo una prospectiva sobre las venideras elecciones parlamentarias.

En Enfoque Político, Juan Manuel Trak presenta “¿Y para qué escogemos diputados a la Asamblea Nacional?”. Trak expone de manera didáctica las atribuciones y potencialidades de los parlamentarios y de la instancia legislativa en el marco venezolano, y ubica en el hecho electoral el acto definitorio de los escenarios por venir. Sin duda un análisis muy pertinente dada la coyuntura actual.

Carlos Romero trae una nueva edición de su columna Debate Ciudadano. El artículo “Los ciudadanos en el desarrollo local” aborda la temática del desarrollo sostenible, paseándose por iniciativas internacionales que han generado compromisos por parte de distintos países. Romero ubica en los Consejos Locales de Planificación Pública una instancia local pertinente para la promoción del desarrollo sostenible y destaca el rezago que, producto de las políticas oficiales, sufre Venezuela con respecto a las tendencias mundiales en esta materia.

En Cable a Tierra, Guillermo Ramos Flamerich escribe “JLI: La hermandad de convivir”. En este artículo, el autor relata su experiencia como participante de la XIII edición del Programa de Jóvenes Líderes Iberoamericanos de la Fundación Carolina. Ramos Flamerich comenta sobre los aprendizajes y los compromisos adquiridos en esta importante jornada.

Andrea Tavares escribe, en el Espacio Plural, “Caracas: Sucursal con dos niveles”. Este artículo analiza la ciudad capital desde la geografía, la cartografía, la división política y el elemento social. Luego de trazar una historia de los límites territoriales caraqueños, Tavares propone la integridad de la Caracas Metropolitana y aboga por la construcción de un solo modelo de desarrollo.

El profesor Miguel Angel Cardozo-Montilla publica “¿Y la educación, la ciencia y la innovación en Venezuela?”. El autor denuncia los dislates del gobierno de turno mientras señala la posición de desventaja y rezago de Venezuela. El artículo destaca las potencialidades del triángulo del conocimiento integrado por educación, ciencia y tecnología e innovación, para el progreso del país.

Nos contenta contar nuevamente con la voz estudiantil en el Espacio Plural. Carlos Carrasco escribe “Estrategias políticas de la MUD y PSUV frente a los jóvenes”. Carrasco dibuja la participación juvenil en las propuestas legislativas de los dos polos políticos y realiza una crítica sensible a ambos sectores. Destaca el autor que falta un largo trecho por recorrer en el terreno de la participación política de la juventud, y no descarta la emergencia de nuevas organizaciones que intenten romper con la polarización dando mayor relieve a la juventud.

Queremos más y mejor democracia. No sólo la selección de candidatos es reflejo de la democracia deficitaria. También lo son las condiciones que se prestan para el ventajismo, la falta de reglas claras, los vacíos legales y la discrecionalidad de normas que cuelgan como espadas de Damocles sobre la cabeza de partidos y candidatos, la intimidación de la institucionalidad oficial y de grupos violentos paramilitares… Esto y mucho más.

Creemos en la democracia no sólo como destino sino también como ruta. Eso implica superar las taras de la mentalidad elitista, por un lado, y de la tutela militar, por el otro. Pasa, de igual manera, por dejar atrás nociones que sugieren que “no es el momento”, que “después”, “cuando salgamos de esto”, tendremos democracia. Como hemos mencionado, no sólo creemos que la salida es democrática, sino que está en la democracia. Hoy, ambos sectores polarizados piden a los suyos “unidad”, sin reparar en el hecho de que una unidad diseñada de arriba hacia abajo tendrá siempre una pata coja y no garantiza la cohesión de una unidad construida de abajo hacia arriba, con la participación –y consecuente legitimidad– de la gente. Para parafrasear a Gandhi, no hay camino para la democracia, la democracia es el camino.

 

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