Editorial

Editorial N° 77: El declive de la polarización y la metástasis del autoritarismo

Espacio Plural Andrea Tavares Portada

El declive de la polarización y la metástasis del autoritarismo

Daniel Fermín Álvarez – 14 de agosto de 2015

El país cambió.  51% de los venezolanos, de acuerdo a nuestro último estudio de Percepciones Ciudadanas, se ubica fuera de los dos grandes polos.  Esa realidad está allí.  No hace falta que nadie la “reconozca”, lo que queda es administrarla.  Sin embargo, los factores políticos siguen actuando de la misma manera de siempre.  Parecen no saber hacer otra cosa.  El declive de la polarización tiene a sus dos grandes beneficiarios, el PSUV y la MUD, como el animal herido y acorralado.  La respuesta ha sido una real metástasis del autoritarismo por parte de quienes pretenden reducir el mundo político y social venezolano a un “ellos contra nosotros” que cada vez se corresponde menos con la realidad.  El país cambió, y los albaceas de la polarización no se dan cuenta, o no quieren darse cuenta.

La polarización ha sido sumamente negativa para la democracia venezolana.  Bajo sus faldas se esconden –cuando no se justifican– la corrupción, la ineptitud, la falta de méritos, los errores.  Este es el resultado directo de las solidaridades automáticas que, de lado y lado, se desprenden de una polarización extrema que ciega, acalla, echa a un lado los temas que afectan a la ciudadanía.

En un país en el que siempre hubo independientes, la polarización “inventó” aquello del “ni-ni”, con toda su carga valorativa que los toma por tibios, indiferentes, irresponsables, insólitamente “en el medio” en momentos en los que la República “no admite” tales actitudes.  Ellos o nosotros.

La política fue sacrificada en el altar de la polarización y el sectarismo.  Con ella, la democracia.  No la de la boca para afuera, sino la real: la de los procedimientos abiertos, participativos, transparentes.  La del derecho a pataleo, a la crítica, al disenso.  Hoy, los que osan contrariar al autodenominado Gran Polo Patriótico, y en especial al gobernante PSUV, son tildados desde esas trincheras como traidores, agentes del imperio, oscuros personajes que “siempre fueron de la derecha”.  Quienes se atreven, por otro lado, a disentir de la MUD, son tachados de vendidos, tontos útiles, egoístas.  No se debate un solo tema, no se intenta rebatir un solo argumento.  Los ataques ad hominem y el insulto son las armas preferidas de los albaceas de la polarización para acabar con toda discusión y todo intento de interpelación política o ciudadana.

La despolarización tendrá sus expresiones electorales.  Más de 1700 candidaturas disidentes enfrentarán a las postuladas por el PSUV y la MUD.  1700 tarifados, vendidos, traidores.  Así los despachan quienes se indignan ante el atrevimiento de los que no cogen línea, de los que no aceptan imposiciones o, en todo caso, de quienes piensan distinto.

La metástasis rabiosa del autoritarismo ante el declive de la polarización es alarmante.  Preocupa en el oficialismo, pero especialmente, dado que se denomina la alternativa “democrática”, en la actitud de la jefatura opositora.  Hubo una vez en la que salir del régimen actual parecía ser garantía del tránsito hacia una senda democrática.  Viendo este panorama en el que se pretende, para decirlo muy coloquialmente, que “el que no brinque es chavista”, ¿Podemos estar tan seguros de ello? Comentaremos más al cierre de este Editorial.

En el marco del Proyecto Integridad Electoral Venezuela, Eugenio Martínez ofrece una nueva entrega de La Baranda Electoral, con una nota dedicada al artículo 188 de la Constitución, que establece como condición para ser elegido diputado a la Asamblea Nacional “haber residido cuatro años consecutivos en la entidad correspondiente antes de la fecha de la elección”. La interpretación que hacen los rectores del CNE es, sin embargo, muy distinta.  Martínez explica la diferencia y resalta casos específicos que, tanto en el GPP como en la MUD, violan el espírito de este texto constitucional.

Juan Manuel Trak abre nuestra sección Opinión y Análisis con su Enfoque Político.  En el artículo “Democracia y candidatos”, Trak pone de relieve la emergencia de opciones electorales disidentes a los dos polos políticos tradicionales, y realiza una crítica contundente a la manera en la que estos sectores, en especial los de la Mesa de la Unidad, han recurrido al chantaje y la descalificación en lugar de la prédica democrática y la inclusión.  Un artículo sin desperdicio, cuya lectura recomendamos especialmente a quienes llevan hoy las riendas políticas del país.

En Cable a Tierra, Guillermo Ramos Flamerich escribe “Lo nuevo y lo viejo”. El autor describe los significados de estos términos en el mundo político, y la natural transición entre uno y el otro.  ¿Qué consecuencias acarrea que en el mundo político se desprecie la experiencia, tomándola como bagaje de “lo viejo”? ¿Qué pasa cuando “lo nuevo” envejece o asume posiciones partidistas y de poder? En nuestro país sin expresidentes vivos y nuestra particular relación con lo “nuevo” y lo “viejo”, este análisis resulta de gran interés para comprender nuestra realidad y actuar sobre ella.

En su Debate Ciudadano, Carlos Romero presenta “El reconocimiento de los jóvenes como actores de la sociedad“.  Romero describe distintas iniciativas en la región que involucran a los jóvenes en lo público, a propósito del recién celebrado Día Internacional de la Juventud, y contrasta con la situación venezolana concluyendo que “hasta que en Venezuela no haya un gobierno que reconozca a los jóvenes como actor esencial del desarrollo, la Participación Cívica de la Juventud en Venezuela no es más que un simple ideal, que hoy más que nunca, debe inspirar a los venezolanos en el compromiso por recuperar las instituciones y con ellas la esperanza de libertad, justicia y respeto”.

En el Espacio Plural, Johan Rodríguez Perozo escribe “Discurso político, arma de doble filo en la lucha por el poder”.  El autor destaca la importancia del combate a la pobreza y la lucha contra la corrupción como ejes del discurso político latinoamericano, e invita al liderazgo político de la región a pensar en la cultura política, la comunicación política y el discurso político como temas obligados “en aras de garantizar el desarrollo político, social y económico al que aspira la mayoría de los latinoamericanos”.

La unidad, sea la del GPP o la de la MUD, no puede ser un chantaje.  La proliferación de terceras vías, por así decirlo, en el plano electoral, no sólo responde a un cambio que muestra un país cada vez más despolarizado luego del fallecimiento de Hugo Chávez.  También es consecuencia de que la unidad, o ambas “unidades”, parten con una pata coja.  El PSUV habla de la “unidad perfecta”, la MUD de “alianza perfecta”.  Ninguna es cierta.  No puede desmeritarse que las élites de estos polos hayan logrado, entre tanta divergencia, unos pactos y repartos importantes.  Sin embargo, el signo de las imposiciones, del paracaidismo electoral y de la no-consulta a las bases representa la pata coja de ambas propuestas.  Exigir lealtad unitaria luego de un proceso amplio, abierto, participativo e incluyente es una cosa.  Hacerlo luego de un juego cerrado de cúpulas es otra totalmente distinta.  El resultado: una primavera de disidentes.  Se le moja la pólvora al chantaje como arma de la polarización.

La reconfiguración de las preferencias políticas llama, o debería llamar, a una seria reflexión a los jerarcas del PSUV y de la MUD, y en general a todos los venezolanos interesados en la cosa pública.  Delphos habla de 40% de electores que, más allá de considerarse independientes, estarían buscando opciones distintas a la MUD y al PSUV para este 6 de diciembre.  Falta mucho para ver si esto se mantendrá, crecerá, o si la economía del voto hará de las suyas, pero ciertamente es un indicador clave del deseo de cambio genuino de la población.

Lo cierto es que, ante esta nueva realidad de un país más crítico, los beneficiarios de la polarización se muestran desdibujados, incómodos.  Apelan al insulto, a la reedición de viejas tácticas que funcionaron en el pasado reciente pero que llevaron, justamente, a que la gente se hartara de la polarización.  Están entrampados.  No tendrían por qué estarlo, sin embargo.  Todavía están a tiempo para reconocer que la divergencia es la columna vertebral de la democracia.  Que el que no está de acuerdo contigo no es un tal-por-cual, sino que está en su derecho; que el insulto no suma, sino que resta; y que la gente no tiene que votar por quien a los cogollos les dé la gana, sino por quien sepa ganarse su confianza con un proyecto coherente e incluyente.  A los independientes, están a tiempo de cortejarlos, en lugar de atacarlos o descalificarlos.  Después de todo, sólo 4 de cada 10 venezolanos confía en la MUD y apenas 3 de cada 10 confía en el PSUV.

Hace casi 20 años, aparecían dos propuestas en paralelo.  Una de ellas se denominaba la “V República”.  La otra, la “nueva política”.  Al final, ambas terminaron compartiendo características fundamentales y una concepción de entender la política y de actuar en política determinada y alimentada por la polarización y el enfrentamiento.  Ambas se necesitan.  Lo peor de ellas resalta en la superficialidad con la que los temas quedan relegados frente a la confrontación, al torneo de insultos, a trámites oscuros y al chiquero político.  Todo esto después de criticar los vicios del pasado.

Decíamos en nuestro último Editorial que es hora no sólo de hablar de ser demócratas, sino de serlo.  Los actores políticos no pueden llegar de últimos a este convite.  La sociedad, agobiada por la peor crisis de la historia, cansada de la peleadera, harta de que le digan cómo pensar y qué hacer, exige de ellos otro comportamiento, que pase por el respeto a las ideas y al derecho a disentir.  Así se siente, no 1700 candidatos que intentarán romper con la polarización en términos electorales, sino más de la mitad del país que dijo basta a una dinámica perniciosa en la cual es imposible avanzar.

Cuando los distintos factores políticos, los tradicionales beneficiarios de la polarización, se pregunten el por qué de sus menguadas capacidades de convocatoria, de su incapacidad de crecer orgánicamente a pesar del descontento casi unánime, vale la pena que se revise y que cada lado vea si no se convierte, con sus acciones diarias, en lo que tanto critica del otro.

La esperanza de Venezuela está en una democracia fuerte y real.  Decíamos, también en Editoriales pasados, que la salida no sólo es democrática sino que está en la democracia.  No para luego, no “cuando salgamos de esto”, sino desde ya.  Para ello, urge recuperar la política de altura, enfocada en la gente y en sus problemas, en las propuestas, en lo edificante.  Lo demás, el chisme, la injuria, el torneo de insultos, debe quedar para siempre en el pasado.  Ante la metástasis del autoritarismo, generado por quienes pierden con la despolarización, urge algo distinto.  Cambio, no sólo de caras o colores, sino en la manera de hacer las cosas y relacionarse con lo público.  Cambio de verdad.

3 replies »

  1. El Cambio pasa por la despolarizaciòn, que esa cantidad de ciudadanos que no pertenecemos a esos polos minoritarios podamos tener representantes en el Parlamento que impidan la hegemonìa de uno de los polos asi evitar la confrontaciòn estèril y obligar al dialogo y la reconciliaciòn de los venezolanos.

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  2. aquí falta destacar, que el oficialismo fue el primer promotor y beneficiario de la polarización, prácticamente casi han implantado un bipartidismo, cuando cambiaron la ley electoral con un método beneficiando la representación de las mayorías en detrimento del método que garantizaba la representación de las minorías que perdieron cualquier posibilidad de tener una voz en los parlamentos.

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