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Editorial Nº 111: Misión Bachaqueo

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Misión Bachaqueo

                                                                          Daniel Fermín Álvarez – 6 de mayo de 2016

La crisis que vivimos los venezolanos se agudiza cada día más. El colapso del modelo chavista causa estragos en una población que, día tras día, aguanta los embates de la escasez, la inflación, la violencia y el derrumbe de los servicios públicos. Recorrer nuestras ciudades y poblados es un constante encuentro con las colas. En cada esquina centenares de personas dan la vuelta a la manzana de cada mercado, de cada farmacia, de cada panadería. Allí hay de todo: los que compran para revender y los que compran para satisfacer su demanda doméstica. El bachaqueo, como fenómeno social y hecho económico, también es hecho en socialismo.

La respuesta del gobierno ha sido muy pobre. No puede ser de otra manera, ya que parte de un diagnóstico soberbio, por supuesto equivocado, según el cual no ha habido falla en la política, menos en el modelo, sino una feroz guerra económica conjugada con factores medioambientales y componendas internacionales que, curiosamente, sólo afectan a la revolución bolivariana, sin que ningún otro país en el mundo sea objeto de semejante afrenta. En todo caso, el gobierno pierde una guerra imaginaria que, en términos demasiado reales, pierden los venezolanos todos los días.

El gobierno ha variado su respuesta. Empezaron con la muy militar y nada efectiva prohibición de las colas, por supuesto devenida en estruendoso fracaso. Luego inundaron el país de captahuellas que huelen más a jugoso contrato que a solución. Últimamente, se dedicó a decretar puentes y días libres. La guinda de la torta, de esta torta que pusieron, es la prohibición de ir a la escuela para todos los niños venezolanos los días viernes. ¡Y aún así citan, sin rubor, a Prieto Figueroa!

Detrás de estas medidas hay mucho más que el desprecio por un pueblo al que subestiman, al que creen enemigo del trabajo y de los estudios. Lo que hay detrás es una perversa política de empleo, una nueva Misión en momentos en los que la renta ya no da para Misiones: la Misión Bachaqueo.

Como el Estado ya no puede sostener su estructura clientelar, resuelve dar el tiempo a la gente para que resuelva por su cuenta. Así, de miércoles a domingo, empleados públicos, un cuerpo que, abultado en revolución, concentra a millones de venezolanos, tienen el día para hacer alguna cola. La prohibición de asistir a la escuela ha devenido, directamente, en otro nuevo fenómeno: los niños bachaqueros. Cada día hay más niños haciendo cola. Esa es la Misión…


¿Es posible un referéndum revocatorio este año? Con esta pregunta titula Benigno Alarcón su Carta del Director de esta semana, en la que destaca la necesidad de convocar a la movilización popular para presionar por la activación del referéndum revocatorio este año y de subir el costo de represión al régimen.

En Debate Ciudadano, Carlos Romero escribe “El Ciudadano en el control fiscal y la reforma anunciada”, un análisis sobre la participación ciudadana en los procesos de contraloría social y los distintos instrumentos legales y mecanismos que rigen esta temática.

En el Espacio Plural, Luis Medina presenta “¿Y los rusos no juegan?”. A partir de la narración de un supuesto o real episodio en torno al mundial de fútbol de 1958, el autor llama la atención sobre la necesidad que tienen los actores políticos de prestar atención al comportamiento del adversario, el árbitro y las gradas que, en esta oportunidad, “también cuentan”.

En Recomendados, compartimos la Declaración Ciudadana en Defensa de la Voluntad del Pueblo, en la que la Red de Organizaciones Vecinales de Baruta, expresión de la sociedad civil organizada, hace un pronunciamiento contundente por el respeto a la Constitución.


“Trabajo es lo que hay que dar, y su valor al trabajo”, decía el poeta del pueblo. Hoy, el chavismo no sólo acabó con el aparato productivo nacional, sino que también aniquiló el valor del trabajo. Y cuando decimos el valor del trabajo, nos referimos no a si la gente prefiere trabajar o bachaquear, sino al hecho objetivo de que el trabajo ya no constituye un vehículo para el progreso y la movilidad social en Venezuela.

No hay manera de superar la crisis mientras no haya cambio de gobierno. Así lo demuestra la incapacidad de esta administración. Ese cambio es hoy la aspiración de millones de venezolanos, de la inmensa mayoría de compatriotas que salen a batallar día a día. Los mecanismos para ese cambio, democrático, pacífico y constitucional, están en la Constitución. Los poderes públicos deben promover, en lugar de desconocer, la expresión de la voluntad ciudadana. No hacerlo, más que taponear a un sector político o a otro, es abrir las puertas del colapso total al frustrar el anhelo de un pueblo y cualquier posibilidad de recuperación y, ni hablar, de desarrollo para Venezuela. La misión urgente es la del cambio.

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