Editorial

Editorial N° 125: ¿La transición es inevitable?

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¿La transición es inevitable?

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Daniel Fermín Álvarez – 23 de septiembre de 2016

Vemos con preocupación la aparición de cierta matriz, según la cual el cambio político está cantado y una transición es inevitable. Es algo que va más allá del ordinario cambalache del análisis por propaganda. No es solo un discurso público, sino que en distintos escenarios se toma como un dado la inevitabilidad de la transición. Algunos plantean, incluso, que ésta ya comenzó.

La transición no es inevitable, aunque hoy sea deseable para la gran mayoría. La autocratización evidente del régimen de Nicolás Maduro no representa solamente un obstáculo a lo que, supuestamente, no tiene vuelta atrás. A través del control político y militar, de la represión, de la espera de condiciones económicas más favorables, como una eventual subida de los precios del barril de petróleo, el régimen puede atornillarse en el poder.

Los anuncios recientes del Consejo Nacional Electoral muestran hasta qué punto está dispuesto el régimen a conservar, como sea, el poder. Las condiciones para la recolección de firmas necesarias para activar un referéndum revocatorio al presidente de la República son una burla flagrante a la Constitución. Hoy, las rectoras Tibisay Lucena, Sandra Oblitas, Socorro Hernández y Tania D’Amelio se colocan a espaldas de la legalidad y confirman la acusación de muchos con respecto a su militancia en las filas del oficialismo. Se ha colocado un reducido grupo de guardianes del status quo frente al reclamo de todo un pueblo. Cuatro rectoras, siete abogados en bata y un séquito que representa a los privilegios enfilan su prepotencia contra la voluntad ciudadana.

La Mesa de la Unidad Democrática ha lucido desconcertada, descolocada, como si no hubiese previsto un escenario que estaba cantado. Mientras tanto, el país se pregunta ¿Y ahora qué?…


En la Carta del Director, Benigno Alarcón escribe “No se trata simplemente de cambiar a un gobierno, sino de cambiar como pueblo”.  El profesor Alarcón analiza los anuncios del Consejo Nacional Electoral sobre las condiciones para la recolección del 20% para la activación del referéndum revocatorio presidencial, se pronuncia en contra de la tesis del soft landing y llama a insistir en la lucha sin descanso por lograr el cambio que permita salir de la crisis.

En Debate Ciudadano, Carlos Romero escribe “Descentralización: ¿Vehículo de cambio político?”. Romero plantea que el esquema descentralizado puede ser la alternativa más viable al Plan de la Patria 2013-2019 que adelanta el gobierno nacional.

En el Espacio Plural, Ignacio Ayala nos trae “Al 20% con otras condiciones”, donde plantea la necesidad de subir los costos de represión a la Fuerza Armada Nacional y una movilización activa para lograr los cambios. También en esta sección, el concejal valenciano José Bucete escribe “¿Dialogamos?”, abogando por espacios de entendimiento que le cierren el paso a la violencia en la búsqueda de las transformaciones políticas necesarias.


No luce fácil estar en los zapatos del liderazgo político de oposición. Sobre sus hombros está la responsabilidad de llenar las expectativas de un pueblo que no aguanta más el peso aplastante de una crisis que coge cuerpo en calamidades de todo tipo. Algo que sí está claro es que todo lo que va y puede suceder pasa por la calle. Sólo la movilización popular, organizada, contundente, enmarcada en la no violencia, puede conducir la lucha del pueblo contra el poder por los derechos fundamentales, por la calidad de vida, la democracia y la libertad. Ante unas instituciones que no responden, cooptadas por y subordinadas al Ejecutivo, sólo queda la calle como herramienta ciudadana, para que los venezolanos reafirmen dónde y en quién recae la soberanía.

En cuanto a la pregunta inicial: ¿La transición es inevitable? La respuesta es clara: No lo es. El cambio político y la transición que ha de venir no llegarán solos. Por el contrario, el cambio y la transición hay que trabajarlos duro  y dependerán de la fuerza del pueblo en las calles y de la conducción certera de un liderazgo que sea capaz de construir amplios consensos, hablarle claro a la gente y movilizar la lucha que vale la pena dar por esta tierra de gracia, que está hoy en las peores manos. Vamos,  pues…

 

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