Opinión y análisis

¿Qué es la Unidad?

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Fernando Arreaza Vargas –  13 de enero de 2017

Relanzamiento, Coordinación Ejecutiva, G-9, inclusión, nuevas reglas, nueva cara. En los últimos días hemos visto los cambios internos que plantea la MUD para enfrentar este nuevo año, uno que se presenta tan difícil como incierto. Las redes y la prensa van a estar llenas de pronósticos, análisis y explicaciones de esta nueva estructura de la MUD. Sin embargo, podemos resumirla en lo siguiente: es un intento de renovar la imagen de la tolda y frenar el descontento de la gente.

¿Por qué reducirla a eso? ¿Por qué no creer que esta reestructuración es algo más? Simplemente porque puedes poner por escrito todos los acuerdos que quieras, crear los comités necesarios y establecer numerosos procedimientos sin resolver el problema de fondo: los partidos tienen apuestas diferentes y no parecieran estar dispuestos a cederlas si los otros no lo hacen primero.

Esto no es una crítica más contra la MUD, no es una queja más con la oposición. De hecho, podemos estar de acuerdo en que el relanzamiento de la coalición era una de las opciones estratégicas. Es más, era previsible. En agosto de 2014 pasó. Cualquiera que haya prestado atención sabía que luego de la última crisis de la MUD vendría la reforma.

Mi línea argumentativa se trata sobre las otras opciones. Opciones que ni siquiera tenemos en la lista, porque el juego político en Venezuela ha funcionado bajo una premisa: la unidad es indispensable. Cuando digo unidad no me refiero al nombre de la coalición, me refiero al concepto. Si la oposición no funciona de manera coordinada y cohesionada, no hay nada que hacer. Esa premisa está tan profundamente clavada en nuestra manera de ver el mundo, que nadie la pone en duda. Ni el gobierno ni la oposición. Hasta los independientes llaman a los descontentos para unirse detrás de su plan de acción. Como oposición, hemos jugado con la idea que la creación de una mayoría absoluta y aglutinada es la respuesta. Todos siguiendo las líneas de un grupo de líderes.

mudEs lo ideal, claro. Lo perseguimos porque estamos seguros de que si lo alcanzamos tendremos una fuerza importante. No obstante, quizás no sea la única respuesta. Como operador político, siempre hay que sopesar todas las opciones. Semanas atrás, hablamos de las ideas de Alinsky y hoy rescatamos dos de ellas: hay que trabajar sobre una realidad más que una idealidad y debes crear un entorno incómodo para tu oponente.

La reestructuración de la Mesa de La Unidad es tan predecible, que el régimen de gobierno ya debe estar calculando diferentes maneras para quebrar los esfuerzos por unirse. En esa constante destrucción y reconstrucción pasan los meses, la unidad entre los partidos se demostró que es frágil. El inmenso reto de unir a un conjunto de partidos con fricciones e ideas diferentes se vuelve gigante cuando le agregas un Gobierno autócrata que trabaja únicamente para mantenerse en el poder. Si las condiciones –que únicamente existen en nuestra cabeza, quiero destacar- dictan que solo una oposición única puede activar un cambio en el gobierno, este gobierno va a enfocar su esfuerzo en bombardear la unidad.

Ideas complejas para explicar algo que todos, en el fondo, sabemos. Entonces ¿Por qué no cambiamos el juego? ¿Y si rompemos el guion? Nos volvemos impredecibles, dividimos la atención del enemigo.

Aunque podemos debatir sobre la necesidad de la unidad como factor y probablemente defenderla sea lo mejor, me gusta abrir propuestas para tener alternativas. La Unidad a medias no sirve mucho. Nuestros esfuerzos por crear ese escenario donde una sola voz comande buena parte de ese 80% de la gente que pide cambio no están funcionado. Estamos atrapados en una coalición circunstancial: razonablemente buena cuando las cosas van bien e inoperante cuando salen mal.

La Mesa de la Unidad sin unidad real es solo una camisa de fuerza. Un cambio en el guion podría ser el siguiente: carta libre a las organizaciones políticas. En lugar de gastar esfuerzos tratando de arrastrar la pesada estructura de la MUD hacia su lado, se podrían invertir en activismo individual. Mejor pensado, más rápido.

De esta manera abres los frentes de lucha. Una, por un lado, otra por otra. Cada partido con sus seguidores trabajando de la manera que cree rendirá mejores frutos. ¿Cómo anticipas qué va a pasar cuando hay tres, cuatro o más caminos de lucha? ¿Cuánto tiempo vamos a gastar culpándonos entre nosotros si cada organización tiene vía libre? Un acuerdo con una sola regla: cada quien trabaje para conseguir el cambio lo más pronto posible.

Si esta nueva reestructuración se hace para darle forma a un compromiso entre partidos e ir en una misma dirección -sin importar si es su favorita o no-, entonces vale la pena intentarlo. De lo contrario, solo están creando nuevas normas para romperse eventualmente.

Si rompemos con la narrativa que ha controlado la lucha política en Venezuela -esa que ha llevado a construir y reconstruir la MUD, luchar por unirnos y pelear cuando nos desunimos- aparecen otras opciones y nos volvemos impredecibles. ¿Por qué no plantearlo?

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