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¿Y ahora qué? Articular y movilizar la idea de democracia como forma de vida

Foto: Archivo

Pedro González

Subdirector del CEPyG-UCAB.

@ciclotronix


Las circunstancias que atraviesa Venezuela exigen respuestas casi inmediatas frente a los abusos y arbitrariedades del régimen. Sin embargo generar respuestas irreflexivas o impulsivas nos empuja al riesgo de perder la brújula, el norte, que guía la resistencia cívica al régimen  y con ello, caer en la trampa de la anarquía. La situación política y social, exige para Venezuela un momento de repensar. Líderes democráticos y ciudadanos tienen un mandato de la democracia, para reencontrar caminos, valorar alianzas y conductas.  Me parece que la propuesta de Carlos Matus que refiere al Triangulo de Gobierno que establece una relación entre elementos como el Proyecto de Gobierno, la Capacidad de Gestión y la Gobernabilidad del Sistema, sería de gran utilidad.

Es imperativo reconstruir la propuesta democrática como proyecto de país para encontrar en él, el nuevo espacio de encuentro y de reconciliación de las fuerzas democráticas, pero fundamentalmente debemos valorar nuestra capacidad para poder llevar adelante esta “idea”, y finalmente ganar la gobernabilidad necesaria para poder cumplirla. Las tres variables “Proyecto, Capacidad y Gobernabilidad del Sistema” exigen determinadas concordancias. Si hay proyecto y no existe gobernabilidad o capacidad de gobierno será inútil, pretender ejecutar sus actividades. Más aún la identidad colectiva en torno al proyecto la idea de democracia de la escuela platónica, debe ser incuestionable y construida en consenso. Lo mismo ocurre ante la ausencia de cualquiera de las otras variables. En una democracia de alta calidad se esperaría que los ciudadanos apoyen la democracia y se sientan parte de una comunidad cívica nacional. Esta comunidad estaría basada en el reconocimiento de que las personas de distinta pertenencia étnica, política y social forman parte de esa comunidad en pie de igualdad. Pero la igualdad supone además del derecho individual de libertad, el consecuente compromiso de responsabilidad para cuidarla y respetarla.

Así como no es posible llegar a un lugar sin antes haber transitado un recorrido, tampoco se pueden tomar decisiones sin reflexionar. El valor de la libertad es demasiado alto para que dependa de reacciones viscerales o instintivas que se toman a primera impresión sin mediar un proceso de análisis, pero tampoco podemos fundamentar las decisiones en procesos puramente  lógicos, porque entonces será necesario un análisis muy profundo para alcanzar un nivel de conocimiento sobre el asunto, que esta realidad acuciosa no está dispuesta a esperar. Menos aún puede basarse la decisión, en “obediencias” normativas que si no cumples entonces te “autoexcluyes” o descalificas a quien no se encuentra con tu línea de pensamiento.

Todos los análisis, aún los más conservadores, han sido tremendamente crudos en la forma de presentar la realidad social y política de Venezuela y señalan que todos los indicadores nos conducen a  escenarios de consolidación del autoritarismo. Sin embargo si miramos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que estamos ante una realidad que podría ser peor. Esta circunstancia ha mellado la fuerza de voluntad y la capacidad de lucha de la sociedad. El gobierno ha sido tremendamente eficaz en el desarrollo de su juego para ganar libertad de acción mejorando la gobernabilidad del sistema subyugando a la sociedad. Las organizaciones ciudadanas se observan aisladas y dispersas, con grandes intensiones, pero en general la sociedad es pasiva, esta conducta social generalizada, obedece a que la sociedad se encuentra frustrada al no obtener ningún resultado de las acciones que adelanta. Los líderes sociales  están dispersos y no demuestran claridad en los objetivos. Los ciudadanos han perdido el interés en los asuntos públicos decantándose por garantizar solo su propia sobrevivencia. Esta pérdida de interés en lo público ha apuntalado la desconfianza en los líderes políticos, y en los partidos políticos.  Toda esta situación pone a los ciudadanos venezolanos en una condición de alta vulnerabilidad, ya no ven salida y han perdido la esperanza. En el tablero del juego político tendrá ventaja quien doblega la voluntad del adversario y lo obliga a dejarse llevar por las fuerzas dominantes. Si una persona se deja llevar por las fuerzas externas y renuncia a conducir su vida hacia sus objetivos, estará renunciando al principal derecho humano, que es decidir con libertad hacia donde ir y cómo llegar a su objetivo. Como seres humanos implicados en un proceso de evolución y de cambio hacia una vida más justa y más humanizada, tenemos la responsabilidad de tomar partido en pos de esa sociedad cada vez mejor en la que haya sitio para todos y en la que todos podamos vivir de acuerdo con nuestros principios y valores.

Viktor Frankl, prisionero de un campo de concentración Nazi, nos dice que si un prisionero pierde la fe en el futuro, especialmente en “su” futuro, termina condenado al deterioro físico, mental y espiritual. Nietzsche, por su parte, nos señala que “aquel que tiene un por qué vivir, puede soportar cualquier cómo”.

Es el momento de tomar conciencia de nuestra propia existencia, de nuestro rol en la sociedad democrática  y del verdadero valor de la decisión de vivir en democracia. Es momento de reagrupar y de retomar el camino de la libertad. Es preciso una preparación adecuada pero fundamentalmente se requiere orden y disciplina en ambos sentidos para un esfuerzo y resultado óptimo, debemos ser ordenados y seguir estrictamente las pautas de la no violencia, debemos apropiarnos del proyecto y de la “idea” de democracia y de identificarnos con él, debemos ser disciplinados “prepararnos mentalmente” y “concentrarnos” en nuestro desempeño y evaluar alternativas sin prejuicios ni mezquindades, con el fin de lograr los más altos rendimientos de nuestras acciones con regularidad y constancia. Sin duda estamos enfrascados en una lucha sin cuartel por salvaguardar los más sublimes principios de libertad, la lucha es dura en ocasiones cruel y despiadada así que corremos el gran riesgo de que, bajo el fragor y la intensidad de la lucha, olvidemos la esencia misma de nuestra motivación.

Una fábula cuenta que 2 leñadores cortaban leña juntos, uno de ellos lo hacía sin descanso mientras que el otro cortaba leña durante 50 minutos y descansaba 10 sentado bajo la sombra… al final del día, aquel que descansaba doblaba en resultados al primero. Cuando el leñador que “más duro trabajaba” le preguntó a su amigo cómo hacía para obtener mejores resultados sabiendo que él hacía pausas en su trabajo con mucha frecuencia a lo que el amigo le contestó: “mientras descanso, ¡afilo el hacha!”.

Justamente de eso es que se trata, debemos mantener muy presentes los objetivos que perseguimos, de otro modo el trabajo arduo y difícil puede hacernos olvidar para qué estamos luchando y con ello hacer nuestra lucha más larga y más cruenta.

La elección parlamentaria que se avecina, es una de esas fuerzas que operará en el sistema para hacer que la realidad venezolana, cambie para bien o para mal. Mantener la reserva institucional de la Asamblea Nacional en las fuerzas democráticas, no sería por ejemplo, un objetivo en sí mismo, sino más bien la gestación de “capacidad” para poder conducir la situación sociopolítica en el sentido de lograr la restauración de la democracia, ganando gobernabilidad y legitimidad que brinde libertad de acción, para avanzar en camino que nos conduzca a la restauración de la democracia. De modo que el debate no puede ser “otra vez” si participamos o no participamos, si con este CNE o con uno nuevo. El verdadero debate debe girar en cómo usamos las herramientas que tenemos de la mejor forma posible para que aún en las condiciones menos favorables nos permita empoderar a la Sociedad Civil, para articular y movilizar la idea de democracia como forma de vida.

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