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La fragilidad de las primarias

Benigno Alarcón Deza

Luego de la juramentación de la Comisión Nacional de Primaria, se dio inicio al proceso de definición de la normativa que llevará a la selección del candidato opositor que deberá medirse frente al candidato oficialista en las elecciones presidenciales de 2024. Aunque apenas se están dando los primeros pasos para lograr el objetivo final, ya se observan muchas piedras en el camino

Luego de muchas dilaciones y desencuentros, finalmente se juramentó la comisión que tendrá a su cargo la organización de las primarias para la elección del candidato unitario que representaría a la oposición venezolana en las elecciones presidenciales fijadas, en principio, para 2024. No obstante, el camino para lograr el objetivo final estará plagado de obstáculos generados principalmente por los posibles candidatos y posiciones, que no son pocas, y también por el gobierno que le teme a la primaria y está más que interesado en capitalizar a su favor las ambiciones y falta de acuerdo entre los aspirantes opositores.

Luego de su juramentación el pasado 15 de noviembre, los miembros de la Comisión Nacional de Primarias integrada por Jesús María Casal, presidente; María Carolina Uzcátegui, vicepresidenta; Corina Yoris, Carmen Martínez de Grijalba e Ismael Pérez Vigil, como principales; así como por Rafael Arráiz Lucca, Mildred Camero, Guillermo Tell Aveledo, Víctor Márquez y Roberto Abdul, como suplentes, empezaron a planificar de inmediato los pasos a dar. Y uno de ellos, que arrancó el sábado 19, fue un proceso de consulta con los diferentes representantes de partidos políticos y de las organizaciones de la sociedad civil, para conocer sus expectativas y puntos de vista en torno a cómo debería realizarse la consulta.

Uno de los aspectos que genera más atención y controversia es el referido a cómo se realizará el proceso de primarias: con la participación del Consejo Nacional Electoral (CNE) o sin él; si se considerará la contratación de una empresa internacional para que aporte tecnología para la realización de la elección o si se colocará el proceso en las manos de la sociedad civil para realizarlo de forma manual.

Hace unos meses se habló de una carta que probablemente la Plataforma Unitaria enviaría al ente comicial del país para solicitar su participación en este proceso y las condiciones que se establecerían para ello. Sin embargo, esa carta nunca se consignó y probablemente ni siquiera se llegó a redactar completamente, quizás por la polémica entre quienes defienden la participación del Consejo Nacional Electoral (CNE) y quienes la rechazan, y la certeza de que las condiciones en principio acordadas por la mayoría de los partidos de la plataforma daban poco margen para que el CNE aceptara. Así que habrá que decidir si, finalmente, se concretará dicha solicitud y los términos en que se haría. En todo caso, lo que está claro es que si la participación del CNE resulta aprobada para el proceso de elección del candidato opositor para las próximas elecciones presidenciales, hay otros muchos riesgos que deben ser tomados en cuenta.

Uno de ellos es el del secreto del voto que debe ser garantizado, pero sobre el que la sola presencia del CNE generaría muchas dudas. En ese sentido, es vital recordar el antecedente sentado con la lista Tascón y, posteriormente, en 2012, cuando el CNE intentó apoderarse de los cuadernos electorales, lo que no consiguió gracias a la actitud valiente de los miembros de la Comisión de Primarias liderada por Teresa Albanes. 

Las primarias no se ponen en peligro solo en el supuesto de que el Consejo Nacional Electoral no acepte las condiciones demandadas por la Comisión Nacional de Primarias o la Plataforma Unitaria, sino que por el contrario las acepte y se convierta en un agente perturbador del proceso, por ejemplo alterando el cronograma inicialmente acordado, imponiendo condiciones sobrevenidas, dándole al gobierno participación, a través de las decisiones del mismo ente comicial, para escoger a su adversario electoral, impidiendo el voto por determinados candidatos o negándose a permitir la participación de la diáspora, etc. Además, un CNE enfrentado en declaraciones, como sucedió recientemente entre los rectores Márquez y Calzadilla, generaría desconfianza y aumentaría la abstención. La realidad es que, probablemente, el gobierno tendría mejores oportunidades para liquidar la primaria teniendo al CNE dentro del proceso. Y una primara que no se haga, o una que se haga y salga mal, es la mejor forma que el gobierno tiene para garantizarse la reelección en 2024, sin tener que atentar de manera grotesca contra la integridad electoral de la elección presidencial.

Negociación y apoyo internacional

Algo que podría dar un empujón significativo a la celebración de las primarias es el apoyo internacional que se logre captar. Por una parte, se ha estado esperando el reinicio de las negociaciones en México, tomando en cuenta que se ha comentado que uno de los temas clave a debatir en esa instancia serían las condiciones electorales de cara a 2024, tratando de garantizar lo más posible unos comicios con condiciones claras y bien definidas, así como observación internacional que le dé credibilidad al proceso y sus resultados. Igualmente, debe discutirse el tema de las inhabilitaciones, la no obstaculización de las primarias si no fueran hechas con el CNE, y la no persecución de los miembros de la Comisión por el manejo de recursos financieros para su ejecución, o por cualquiera otra imputación que busque abortar el proceso.

En ese sentido, algunos ven como una buena noticia que este fin de semana se reinicie el proceso de negociación entre el gobierno y la oposición en México, con acompañamiento internacional. La realidad es que resulta muy poco probable que de este encuentro salga humo blanco o haya algún avance con relación a condiciones electorales y políticas.

Un tema del cual se ha venido hablando, fundamentalmente desde la acera gubernamental, es la posibilidad de adelantar las elecciones. Vemos poco probable que el gobierno materialice esta amenaza, al menos que ello sea parte de un acuerdo con la oposición en la mesa de negociación o la única alternativa para garantizar su permanencia en el poder, ya que para el gobierno resulta esencial lograr una legitimación electoral sin controversias en 2024, a los fines de lograr su reconocimiento, el levantamiento pleno de las sanciones y la normalización de sus relaciones internacionales.

Es importante tomar en cuenta que las primarias están en el top of mind de la gente, pero esta energía puede apagarse si se observa un proceso de dilación en la información sobre su celebración. Se estaría hablando de un proceso que, a los ritmos que hemos visto hasta ahora, difícilmente tendrá lugar antes del último trimestre de 2023, lo que deja un escaso margen al candidato electo en caso de que el gobierno, a través de la mayoría de sus rectores en el CNE, decida adelantar la elección algunos meses, como sucedió, por ejemplo, en 2012 y 2018.

Tomando en cuenta que se aumentará el gasto público, permitir la influencia del gobierno para decidir con quién compite, pudiera provocar una disminución en el interés por el proceso opositor de parte de los votantes.

En conclusión…

Las expectativas iniciales que generó la designación reciente de la Comisión Nacional de Primarias pueden diluirse en la medida en que vayan emergiendo obstáculos y posiciones que podrían afectar este proceso, mediante el cual se definiría el liderazgo que representaría a la oposición en las elecciones presidenciales pautadas para 2024.

Las conformaciones de las juntas regionales para los comicios, la participación o no del CNE, el financiamiento del proceso, y la negativa de algunos candidatos a participar en las primarias porque prefieren que el candidato se defina por consenso, son algunos de los factores de alto riesgo que han surgido y que pudieran quitarle valor a estas elecciones.

Todo ello a pesar de que los venezolanos, que en su mayoría consideran indispensable que se produzca un cambio político, consideran que la forma más efectiva para hacerlo es mediante unas elecciones donde el candidato de las fuerzas democráticas sea definido en unas primarias. Hoy en día, el factor de mayor impacto en las probabilidades que la oposición tiene de cara al 2024 reposa en el éxito de las primarias. Su fracaso aumentaría, aún más, las probabilidades de continuidad del régimen autocrático liderado por Maduro.

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