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Editorial Nº 117: Todo el poder contra el pueblo

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Todo el poder contra el pueblo

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Daniel Fermín Álvarez – 17 de junio de 2016

“Todo el poder para el pueblo”, fue una consigna popular durante los años duros del chavismo. Con el tiempo, aparecieron algunas variantes: “todo el poder para las comunas”, “todo el poder para los CLAP”. Todas tienen el mismo origen en la vieja conseja soviética: “¡Todo el poder para los Soviets!”. Los últimos acontecimientos demuestran, sin embargo, que lo que realmente vemos en Venezuela puede sintetizarse bajo el lema “Todo el poder contra el pueblo”.

La respuesta del gobierno al reclamo popular ilustra esto último. En particular, su respuesta a tres asuntos públicos: la convulsión social por la crisis alimentaria, el proceso de activación del referéndum revocatorio presidencial, y la solicitud de apertura de un corredor humanitario para atender la severa escasez de medicamentos.

El denominador común está en la absoluta incapacidad del gobierno para reconocer la legitimidad del descontento. No se trata de la simple política del avestruz, y va más allá de pretender tapar el sol con un dedo. En su lugar, el gobierno contraataca, genera matrices reñidas con el más elemental sentido común y acusa a los “enemigos” de planes desestabilizadores. No es, desde luego, una explicación real y tampoco es un mensaje a la Nación. Es meramente una línea política bajada, en cadena, todos los días a los cuadros más comprometidos del partido de gobierno, mientras el oficialismo continua su apuesta por la inercia y por esperar que, de algún modo, la crisis pase de largo, por un ladito…


En su Carta del Director, Benigno Alarcón escribe “¿Por qué el Referéndum Revocatorio es importante más allá del referéndum mismo?”. Tras analizar los obstáculos institucionales y políticos a la activación de la propuesta de cambio de gobierno de la oposición política al régimen actual, el profesor Alarcón destaca la importancia de mantener viva esta alternativa como pieza clave en un proceso de diálogo y negociación entre las partes en disputa.

En Debate Ciudadano, Carlos Romero Mendoza nos trae “¿Quién es constitucionalista?”. A propósito de la autodenominación que hizo el presidente de la República del oficialismo como “constitucionalista”, el autor pone de relieve la incompatibilidad del proyecto oficial con la Constitución y critica la violación sistemática de la Carta Magna por parte del presidente y sus partidarios.

En Enfoque Político, Juan Manuel Trak presenta “¿Qué esperar?”. El profesor Trak dibuja un futuro sombrío para los venezolanos, de continuar una dinámica que, impulsada desde el gobierno, promueve la desintegración de la Nación.

Nuestro Espacio Plural viene hoy con dos artículos de mucha calidad. Luis Medina escribe “Sísifo opositor”, una analogía entre el proceso de activación del referéndum revocatorio y este personaje de la mitología griega. Recibimos con beneplácito el primer aporte del historiador Ysrrael Camero, titulado “Tentaciones peligrosas: ¿Ajuste económico sin cambio político?”, una alerta sobre la necesidad de pensar la inminente transición venezolana en su doble naturaleza: política y económica, y a no ceder a la tentación de pretender acometer una sin la otra.

En Recomendados, compartimos el más reciente comunicado del Observatorio Electoral Venezolano. Este documento exhorta al Consejo Nacional Electoral a actuar con celeridad, transparencia e imparcialidad, en beneficio de la paz de la República.

En Noticias, celebramos el inicio del XIV Diplomado de Gobernabilidad, Gerencia Política y Gestión Pública. Deseamos a nuestros cursantes mucho éxito en el camino que hoy emprenden.


De acuerdo al Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, hay 21 protestas diarias en Venezuela, la mayoría de ellas relacionadas a la escasez de alimentos. Los primeros cinco meses del año vieron 254 saqueos e intentos de saqueos por comida, y las cifras aumentan cada día, en frecuencia e intensidad. Las protestas por alimentos han dejado muertos y caos. La respuesta del gobierno en ningún momento contempla el reconocimiento de una crisis severa, nunca admite la verdad: que el pueblo tiene hambre. Al contrario, busca a quién culpar. Habla de planes orquestados y, quizás porque cada ladrón juzga por su condición, acusa a los partidos políticos de oposición de promover y organizar las protestas y saqueos.

Con el proceso de activación del referéndum revocatorio presidencial pasa lo mismo. Es mezquino plantear que, luego de arrasar en las elecciones del 6 de diciembre, con más de 7 millones de votos, la Mesa de la Unidad Democrática es incapaz de recoger 195.000 firmas. En lugar de reconocer las más de 1 millón de firmas que el CNE, luego de un proceso arbitrario y discrecional, consideró como válidas, el oficialismo canta fraude por firmas que considera irregulares, y plantea llevar al terreno penal su lucha por la supervivencia política. No hay hambre, tampoco hay opositores al gobierno y a sus políticas.

Un tercer tema que hemos planteado para ilustrar es el de la solicitud de apertura de un corredor humanitario para atender la escasez de medicinas. Hemos visto alternativas particulares admirables, como la del grandeliga venezolano Carlos González, quien donó $500.000 en insumos a los venezolanos. Sin embargo, esto es insuficiente. La salud no aguanta para después. La hipertensión, la epilepsia, la diabetes no tienen el lujo de esperar a ver si la crisis pasa por un costado. Urgen acciones inmediatas. Pero el gobierno se opone. Acusa que detrás del supuesto corredor humanitario estarían intenciones perversas e intervencionistas. Es una actitud desalmada de quienes, hace rato, perdieron la conexión con el pueblo, y con ella, el padecimiento de los problemas cotidianos. Prefieren ver morir a los venezolanos antes de reconocer –y menos de enmendar- sus errores.

Todo esto configura un escenario muy complejo. De un lado, el gobierno, cada vez más solo. Un grupito enquistado en el poder, bajo los efectos estupefacientes de los privilegios. Son los del “deje así”, los que, lejos de sentir la urgencia del cambio, se sienten blindados en el status quo. Del otro lado, el pueblo. El que padece, el que sufre, el que no puede más, el que protesta en la calle porque los canales institucionales le dan la espalda. El que no es agente de la CIA ni agitador de un partido. El que no es golpista ni desestabilizador. El pueblo. El que tiene hambre, el que vive amarrado a Dios y sobrevive a punta de mangos. Y mientras la crisis escala y las condiciones de vida empeoran, la orden del gobierno es clara: atrincherarse en Palacio, conservar el mando como sea y utilizar, cada vez que sea necesario, todo el poder contra el pueblo.

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