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Los retos del 2023

EDITORIAL

Benigno Alarcón Deza

El escenario de 2023 para Venezuela luce bastante complejo. De hecho, los primeros días de enero son una pequeña muestra de lo que podría estar por venir. El país arrancó con bastante malestar por el fuerte incremento de precios en bienes y servicios, producto de la crítica situación cambiaria que desde noviembre de 2022 ha llevado a una devaluación diaria del bolívar.   Un malestar que se ha manifestado a través de protestas en casi todos los estados del país, protagonizadas por docentes y empleados del sector público que exigen mejoras salariales. 

En estas pocas semanas, también se han visto los coletazos de la eliminación del gobierno interino decidida a final del 2022, una crisis política opositora que se viene arrastrando  desde hace años, detrás de la cual están diferencias y problemas personales entre algunos dirigentes, y la carrera por la candidatura de la  Plataforma Unitaria (PU) para las presidenciales de 2024, lo que incluye la lucha subterránea -porque es políticamente incorrecto oponerse a las primarias- entre quienes quieren que la candidatura sea producto de una negociación entre partidos mayoritarios y quienes defienden  que sean los votantes los que escojan al representante de la oposición.

Como es sabido, el pasado 30 de diciembre los diputados de la Asamblea Nacional elegida en 2015 (AN2015) se reunieron para poner fin al gobierno interino y designar a una nueva directiva parlamentaria,conformada por tres diputadas en el exilio. Y aunque  existía una puja por sustituir a Guaidó en el interinato desde 2020, una de las razones para esta decisión fue la percepción de que quien fuese el Presidente interino y su partido podrían tener ventaja a la hora de unas elecciones primarias. Por ello, parte de la  discusión se concentraba en si Guaidó debía renunciar a la primaria y si no lo hacía, había que designar a otra persona para ocupar ese cargo. Ante la negativa de Guaidó de inhibirse como candidato, vino el debate entre los tres partidos que se oponían al de Guaidó, lo que se ha llamado el G3 (Acción Democrática, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo) para nombrar a su sustituto; pero finalmente no lograron ponerse de acuerdo en torno a un nombre o figura y simplemente se decidió eliminar el interinato y asumir desde la Asamblea sus funciones.

Algunos dirigentes opositores justificaron la decisión con el fracaso de la gestión del Gobierno interino para llevar al país a una transición; otros, contradiciendo la propia tesis de la AN2015 que sirvió para su creación y su reconocimiento por unos 60 países, simplemente dijeron que esa figura no existe en la Constitución. También se habló de unas negociaciones con el gobierno que estaban bien adelantadas, así la figura ya no haría falta, lo que queda desmentido unas pocas horas después con la orden de detención contra la nueva directiva de la AN2015 y el diputado Julio Borges, líder y fundador de Primero Justicia, quien unos meses atrás habría figurado como el canciller del Gobierno interino. El conflicto generó malestar entre la población opositora que vió nuevamente cómo se impusieron los conflictos entre grupos frente a la necesidad de consolidar una unidad capaz de derrotar al gobierno en las próximas elecciones de 2024. 

Asimismo, las incoherencias en la decisión tomada por el G3 el pasado 30 de diciembre, tampoco  fue vista con buenos ojos por parte de los gobiernos que aún apoyaban el interinato, aunque no tuvieron más remedio que endosar la representatividad a la AN2015. 

Con respecto a la negociación en México, se vuelve a lo de siempre. El gobierno da señales claras de que no querer regresar al proceso facilitado por los noruegos, porque sabe que ya el tema social se agotó y los económicos no parecieran ser viables sin acuerdos en lo político, y eso no le interesa porque involucra condiciones electorales: el registro electoral, el voto en el exterior, los partidos intervenidos, los políticos inahabilitados , la observación electoral, entre otros. Y está claro que cualquier acuerdo que amenace sus posibilidades de permanecer en el poder no será tema de discusión mientras el status quo sea una alternativa viable para el gobierno. 

Primarias en veremos

En cuanto a las primarias, aún no se ha fijado la fecha de su realización. Si bien es cierto que todavía podría haber una posibilidad, ya lejana, de convocarlas para junio, en una reunión que se produjo la semana pasada entre la Comisión de Primarias y la Plataforma Unitaria hubo consenso inicial en torno a octubre, aunque otros partidos, obviamente los menos interesados en que se realicen, comienzan a hablar del primer trimestre de 2024. Probablemente quienes apuestan a demorar el proceso son aquellos que creen que el gobierno podría retirar las inhabilitaciones que pesan sobre ellos, así como quienes apuestan a que, con el tiempo se haga inviable su realización y la PU se vea obligada a negociar la candidatura de alguien habilitado y posicionado en las encuestas. 

Por lo pronto, la Comisión de Primarias sigue trabajando en la conformación de las juntas regionales y a la espera de la comisión de enlace técnico que habría aprobado el Consejo Nacional Electoral (CNE) para explorar los posibles mecanismos de cooperación. Hasta la fecha, sólo se ha hablado sobre el tema de la disponibilidad de los centros de votación, pero también se evalúan otras posibilidades de colaboración. Hacer las primarias con el CNE significaría algunas ventajas operativas porque simplifica el trabajo que habría que hacer, pero desde el punto de vista político unas elecciones autogestionadas pueden generar mayor apoyo para la oposición y garantizarían menores niveles de abstención, así como la participación de candidatos que no aceptan ir a una primaria con el CNE.

Pero existen muchas interrogantes sobre el CNE, que sigue en la misma situación de inercia que hemos destacado en otras ocasiones. Aún no se ha designado al sustituto de la exrectora Tania D’Amelio. A esto se agrega que recientemente el presidente de la Asamblea Nacional 2020, Jorge Rodríguez, anunció que habría cambios en la directiva del ente comicial. La supuesta excusa es tomarle la palabra a los representantes de la Alianza Democrática para, supuestamente, “lavarle la cara” al organismo luego de las elecciones de Barinas, el informe negativo de la Misión de Observación de la Unión Europea y la paralización del revocatorio; y para ello le sacarían provecho al acuerdo con “oposiciones” cooptadas por el régimen. 

Protestas crecientes

No cabe duda de que este año el ciclo de protestas que, como hemos dicho otras veces, se esperaba después de tres años sin manifestaciones de calle, comenzó con fuerza. De acuerdo con cifras aportadas, para el 16 de enero de 2022 se habían registrado 255 protestas, de las cuales 59 (31%) fueron de carácter laboral. Este año, al 16 de enero, van 538 protesta, de las cuales 468 (87%) fueron protestas laborales. En ese sentido, es importante monitorear este tipo de acciones que aumentan no solo en cantidad, sino en participación, y  se constituyen en el principal indicador de conflictividad social. 

Estas protestas no estarían asociadas, por ahora, con la necesidad de un cambio político o de gobierno, sobre todo porque los partidos tradicionales, que antes acompañaban a los sindicatos en el tema de la protesta social, hoy están concentrados en una agenda completamente distinta. 

Un aspecto a destacar es que se ha observado, especialmente en el interior del país, un rechazo a los políticos que se presentan en las protestas, tratando de capitalizar la movilización solidarizándose con los trabajadores. En la mayoría de los casos han sido pitados y expulsados, independientemente del partido que representen. También existe el miedo de que la presencia de los políticos cambie el sentido de la protesta. Y esto lleva precisamente a darse cuenta de cómo viene creciendo la animadversión hacia los partidos en el país, como consecuencia de la actuación de quienes están en el poder y también por parte de los opositores.

Lo cierto es que el contexto de las protestas es diferente este año. En 2022 hubo una suerte de ilusión. Se aumentó el salario, se entregó un bono en agosto y eso generó ciertas expectativas, acompañadas del mensaje “Venezuela se arregló”, que exhibió el gobierno constantemente, lo que se quebró con el aumento de la devaluación y la inflación a final de año. Por eso la solicitud de pago en dólares podría marcar algunas diferencias en las exigencias de los trabajadores.

Y ante el incremento de las exigencias de la población trabajadora por mejorar sus condiciones y la mayor participación en las jornadas de protesta, hay quienes consideran que habrá mayor represión por parte de los organismos de seguridad del Estado y la utilización de grupos paramilitares. Igualmente, se podría volver a activar la carta de la represión selectiva a líderes sindicales y sociales que estén detrás de las protestas. Porque si el gobierno se ve ante una situación de imposibilidad de lograr los objetivos económicos previstos que le permitan ganar las elecciones en 2024, apelará a demostrar que va a ejercer el poder por medio de la violencia, usando la herramienta del miedo para quien intente generar situaciones ligadas a desestabilización, incluso con partidos de oposición. Sin embargo, hasta el momento el régimen ha sido muy cauto en activar la represión, como bien se ha visto durante  las ultimas semanas.

En conclusión…

Todo indica que 2023 será muy complejo en lo político, en lo económico y en lo social. Las primarias siguen siendo el mecanismo que impulsaría la posibilidad de unificar el liderazgo, fortalecer a la oposición democrática y desarrollar una estrategia para el cambio político de cara a las elecciones de 2024. Pero este proceso continúa sin dar muestras de avances significativos, al tiempo que ha recibido un duro golpe por las confrontaciones entre los dirigentes, así como por el interés que pueden tener algunos actores de que las primarias se enfríen para pasar a la selección de un liderazgo por negociación entre partidos mayoritarios.

Constituye, de esta manera, un reto de primer orden, para la sociedad y los liderazgos democráticos, es lograr la presión y los acuerdos necesarios para que la primaria no pierda el impulso que había logrado en los últimos meses de 2022. De salir mal las primarias -o de no ocurrir-, se estaría consolidando el escenario al que aspira Maduro para permanecer en el poder mediante una elección con una importante abstención y dispersión del voto opositor, cuyos resultados no puedan ser cuestionados.

Tomando en cuenta la crisis económica que nuevamente muestra sus garras, y dada la reacción social que se deriva de esta situación, la necesidad de cambio político se hace más evidente, lo que exige una mayor cohesión estratégica para lograrlo, en torno a la única carta que la oposición pareciera tener en sus manos para lograr su legitimación: la elección en primarias de un liderzgo que sirva como referente unitario de cara al 2024.

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