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Editorial Nº 116: ¿Qué significa “Todo el poder para los CLAP”?

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¿Qué significa “Todo el poder para los CLAP”?

Daniel Fermín Álvarez – 10 de junio de 2016

Asistimos al empobrecimiento general de la población. No es un problema de una clase ni de un estrato. No es algo que afecte a los de una sola tendencia política. La gravísima crisis que padecemos los venezolanos rompe toda polarización política y estratificación social. Todos estamos peor.

Esta no es solo la peor crisis de la historia de Venezuela, sino el mayor derrumbe económico en todo el mundo, de acuerdo a las estimaciones del Banco Mundial. Más de 10% ha retrocedido el PIB y la inflación se pierde de vista. Las reservas internacionales apenas superan los $12.000 millones, su nivel más bajo en 18 años, lo cual incide en el aumento del riesgo país. Si aterrizamos estas y otras cifras económicas, estamos ante un escenario en el que hay menos empleo (y el que hay es de peor calidad), menos oferta de productos y servicios, deterioro de la infraestructura y, sobre todo, de las condiciones de vida de los venezolanos. Una implicación adicional, más sencilla: hay hambre y, como el gobierno se niega a rectificar, no hemos tocado fondo.

Esta situación genera cada vez mayores tensiones sociales. 21 protestas diarias promedia el Observatorio Venezolano de Conflictividad social, y la mayoría de ellas obedecen al rechazo a la escasez y el desabastecimiento de alimentos. Aumentan también las protestas por servicios básicos, vivienda, derechos laborales, seguridad, justicia, derechos políticos y educación. Del mismo modo, contabilizan 254 saqueos e intentos de saqueo en los primeros 5 meses de 2016, todos relacionados al tema alimentario. La gente no está saqueando televisores ni bienes de lujo, sino comida. Hay hambre ante el fracaso de las políticas del gobierno.

La respuesta oficial han sido los CLAP: Comités Locales de Abastecimiento y Producción. 17 años después, la soberanía alimentaria cabe en una pequeña bolsa repartida casa por casa a discreción. No resuelve el problema alimenticio ni alcanza para más de unos pocos días, tampoco cubre las necesidades nutricionales, pero sí pone de relieve el marco de pensamiento y acción del régimen.

Copiando el viejo adagio soviético (“todo el poder para los soviets”), el chavismo-madurismo ha impulsado la consigna “todo el poder para los CLAP”. La aspiración oficial es que estas instancias distribuyan 70% de los alimentos en el país. No es una aspiración nueva, basta recordar la cantidad de fincas, fábricas, cadenas e hipermercados que ha confiscado el gobierno bolivariano. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Los CLAP son un instrumento político, así lo admiten sus creadores. Están íntimamente ligados al PSUV y al Frente Francisco de Miranda. El ministro Torres ha dicho que el objetivo de los CLAP es que “no tumben” al gobierno. El vicepresidente Istúriz ha afirmado que los CLAP tienen la intención de que cada familia pueda identificar a los “enemigos del pueblo”. Se ha denunciado que el criterio partidista priva en la distribución de alimentos. La gobernadora de Cojedes, Erika Farías, ha declarado que los CLAP “no son para los escuálidos” y el ministro Motta Domínguez ha exigido que “a los vende patria ni agua aunque esté creciendo el Guri… Ni agua!”. Al final, “todo el poder para los CLAP” se traduce en “toda la (poca) comida que hay, para el PSUV”.

Los CLAP responden a una visión de la política que siempre ha privado en el partido de gobierno, impulsada por Hugo Chávez. Se trata de una concepción de “ellos contra nosotros”. Sólo los incondicionales son “pueblo”, el resto es “el enemigo”. Por eso Chávez, y ahora Maduro, se comportan como presidentes del PSUV, no de todos los venezolanos. Por eso VTV actúa como el canal del PSUV y no, pese a lo que dice su slogan, como el canal de todos los venezolanos. Por eso el diputado Cabello exige que no haya opositores en la Administración Pública. Por eso los consejos comunales adversos al gobierno no pueden registrarse ni recibir recursos. Por eso, ahora, los que no son chavistas no pueden comer…


Benigno Alarcón abre la edición con su Carta del Director. El profesor Alarcón escribe una “Carta a Rodríguez Zapatero”, en la que protesta firmemente el papel del ex presidente del gobierno español en un proceso de mal llamado diálogo entre el gobierno y la oposición de Venezuela.

En Opinión y Análisis, Fernando Arreaza nos trae una nueva entrega de su columna, Bitácora del Poder. En “Agotamiento del poder rojo y la diplomacia de los jarrones chinos”, Arreaza destaca el desmoronamiento del chavismo y analiza el papel de la Organización de Estados Americanos con respecto al problema venezolano.

En Debate Ciudadano, Carlos Romero escribe “Pensando en la descentralización”. Romero insiste en el modelo municipal, establecido en la Constitución, como ideal para el acercamiento del poder a la ciudadanía, y reclama que, a pesar de que el país tiene el foco puesto en otros temas, se piense paralelamente en la descentralización en el marco del proyecto democrático que el país necesita.

Nuestro Espacio Plural trae hoy tres aportes muy interesantes. La voz de los estudiantes se manifiesta, una vez más, en PolítiKa UCAB: Ignacio Ayala se estrena en nuestra revista con “Oscurantismo”, su apreciación sobre el rol del movimiento estudiantil en la movilización popular por el cambio. Es una apuesta por la organización y la no violencia. Por su parte, Carlos Carrasco nos trae “La negociación también está en la ciudadanía”, un llamado al empoderamiento de la sociedad civil como actor fundamental en el proceso de cambio político. Finalmente, el concejal José Bucete escribe “Zapatero a su zapato”. En sintonía con el profesor Alarcón, Bucete emprende una crítica contundente al papel desempeñado por el ex presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, como pretendido negociador entre el gobierno y la oposición en Venezuela.

Para cerrar, en la sección Recomendados publicamos dos documentos de singular importancia: El reporte “Conflictividad social en Venezuela en mayo de 2016”, del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, al que nos hemos referido en este Editorial, y el “Reporte Electoral #1” de la Red de Observación Electoral de Asamblea de Educación, que exhorta al CNE a eliminar las trabas a la activación de un referéndum revocatorio presidencial, así como a encausar las previstas elecciones de gobernadores y diputados a las asambleas legislativas.


Los CLAP no sólo parten de una premisa miserable, que condiciona el derecho a la alimentación a la incondicionalidad política, sino que están condenados al fracaso. El gobierno destruyó la economía. En Venezuela no se produce nada, pese a los folklóricos intentos de impulsar gallineros verticales y germinadores de agricultura urbana. Tampoco se importa nada ya, porque no hay líneas de crédito, se robaron todo y estafaron al pueblo con containers vacíos o de comida que dejaron pudrir con total impunidad. El gobierno no sólo perdió el apoyo popular, sino que perdió también toda sintonía con el pueblo. No hay dinero para comida y medicinas, pero sí para la burocracia. El pueblo pasa hambre, y el señor Maduro inaugura otro ministerio.

Se ha amurallado una casta privilegiada, ajena a los padecimientos del pueblo, que ve en el reclamo ciudadano una amenaza. Crece la inseguridad, las colas, el desabastecimiento, pero para el vicepresidente Istúriz sólo es algo político, un ataque del “enemigo”. Cuatro mil pacientes de VIH llevan meses sin recibir tratamiento, pero la ministra de salud lo llama ficción y, de nuevo, un ataque del “enemigo”. Con perdigones en la cara un policía asesina a una mujer un domingo a las ocho de la noche y el gobernador Vielma pregunta, y en verdad acusa, qué a quién se le ocurre estar a esa hora un domingo en la calle. El diputado Cabello propone hacer el referéndum en 2017 y, ante el escenario de perder, que el vicepresidente que asuma designe a Nicolás Maduro como vicepresidente y renuncie, para que nuevamente Maduro ejerza el cargo de presidente. Una burla a la gente y un fraude a la democracia. Está claro que, para el gobierno, el “enemigo” es el pueblo.

La situación del país empeora cada día más. Urge un cambio. Atrás quedó la alternativa entre cambio en el gobierno y cambio de gobierno. La incapacidad del régimen para rectificar sólo deja como alternativa para salir del caos el cambio de gobierno. El CNE sigue postergando la consulta popular. Pero la voluntad de la gente seguirá expresándose todos los días, en cada protesta, en cada manifestación, donde sea y como sea, hasta que se le permita expresarse en las máquinas de votación. Y cuando eso suceda, la contundencia del mensaje retumbará más allá de la prepotencia de quienes están hoy enquistados en el poder y los privilegios, y devolverá el poder a su legítimo dueño: el pueblo venezolano.

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